Nota introductoria


En los meses de agosto y septiembre de 1910 los integrantes del Ateneo de la Juventud organizaron una serie de conferencias en la Escuela Nacional de Jurisprudencia. Todos sabemos quiénes eran ellos: Antonio Caso, José Vasconcelos, Alfonso Reyes, Martín Luis Guzmán, Pedro Henríquez Ureña, Jesús T. Acevedo, Carlos González Peña, etcétera. En esa ocasión fueron animados por una idea que ya se estaba convirtiendo en programa generacional, se trataba de inaugurar una nueva etapa de la cultura mexicana trascendiendo o dejando de lado la hegemonía positivista.

Sin embargo, no se trataba únicamente de una actitud crítica. Educados en el positivismo veían ya sus limitaciones y comenzaban a saber lo que estaba más allá de esas limitaciones; por eso, en filosofía incursionaron en el idealismo, en el vitalismo y afirmaron actitudes francamente metafísicas, y en literatura se mostraron proclives a las humanidades clásicas. Dentro del ciclo, el día 22 de septiembre, Vasconcelos abordó el tema Don Gabino Barreda y las ideas contemporáneas. Como ocurre en esas torsiones fundamentales de la cultura, Vasconcelos habla menos de Barreda que de sus propias ideas y hace una afirmación que se ha escuchado más de una vez en las generaciones innovadoras de México, que esas convicciones fundamentales no las aprendió en la escuela sino fuera de ella.

Lo que sí le dejó la escuela positivista fue una sólida formación científica. Los ateneístas son un tanto paralelos a los humanistas mexicanos del siglo XVIII, son humanistas con formación científica. En esta conferencia ya se nota lo que más adelante va a ser la filosofía de Vasconcelos, trata de conciliar sus tesis metafísicas con las novedades de la física, la química y la biología. Trata de conciliar a Carnot con Platón, como más adelante lo hará con Poincaré y Plotino o con Nietzsche y el cristianismo. Y todo ello mezclado con un interés profundo por México e Hispanoamérica. En suma, se trasluce en la conferencia no sólo el germen de su filosofía sino también las preocupaciones de su generación y las lecturas que hacían en sus cenáculos, la biblioteca de Caso, la biblioteca Reyes, el taller de Acevedo.

Durante mucho tiempo la brillantez de los ateneístas no dejó ver las otras corrientes culturales que se desarrollaban a su vera. Los ateneístas fundaron otra hegemonía porque ocuparon los puestos clave de la política cultural, Vasconcelos fue secretario de educación y rector, Caso fue rector y predominó en la Universidad, Reyes fue presidente del Colegio de México, Martín Luis Guzmán manejó publicaciones periódicas, casi todos ellos, al final, ocuparon los sitiales del Colegio Nacional, etcétera. Pero al paso de ellos mismos el positivismo sobrevivió hasta los años cuarenta y ahora ha renacido en planta lozana; el socialismo, primero en forma de anarquismo y después como marxismo también influye en la cultura mexicana.

En su conferencia Vasconcelos se asombra que la vigencia de Barreda haya declinado en menos de cincuenta años; algo por el estilo le ha pasado a los ateneístas, pero ahora estamos en una etapa de recuperación histórica y vamos situando a las generaciones y a las personas en el momento histórico que les corresponde y vamos integrando el cuadro general de nuestro pasado, condición indispensable para trascenderlo y superarlo.


Abelardo Villegas