Nota introductoria

 

Las diversas contribuciones de Margo Glantz a la literatura mexicana, tanto creativas como críticas, son inconmensurables. Glantz es autora de dos de los libros más importantes de la narrativa mexicana de los últimos cuarenta años: Las genealogías (1981), un hito en la escritura autobiográfica y en la literatura judeo-latinoamericana, y El rastro (2002), una novela cuya arquitectura musical la convierte en una de las obras más formalmente inteligentes de la literatura mexicana de este siglo. A estas obras maestras se agrega un corpus de libros extraordinarios, que muestran el vasto rango prosístico e intelectual de su autora. Entre ellos, encontramos el magnífico despliegue literario de los afectos en Historia de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador (2005), que encuentra su origen en el volumen Zona de derrumbe (2001) y que comparte personajes con El rastro. También es posible subrayar sus libros recientes, la gozosa crónica Coronada de moscas (2012) y Yo también me acuerdo (2014), ejercicio de mnemotecnia literaria en el que sigue Glantz a Georges Perec, Joe Brainard y otros precursores que han acudido al género oulípico de comenzar cada frase del libro con la expresión que les da título. Se podría decir, si uno se permite otro gesto oulípico, que al hablar de Margo Glantz hablamos de dos personajes que confluyen en su pluma y su voz: una querida interlocutora con la que sus lectores nos relacionamos desde el rango de los afectos, y una aguda pensadora y lúcida ensayista con la que debatimos desde las ideas y la razón. Estas personalidades son discernibles pero indivisibles: coexisten en distintos grados de equilibro en sus novelas y ensayos. En libros como Saña (2007), que recoge ensayos y cabos sueltos escritos a lo largo de treinta años, o La polca de los osos (2008), libro de gran calado intelectual en el que coexisten el cuerpo y la memoria, la inteligencia crítica y originalidad intelectual de la pensadora son formulados desde la belleza estilística y el registro afectivo de la prosa de la interlocutora.

Este Material de Lectura recoge dos textos de una vertiente más de la obra de Margo Glantz, su obra como crítica literaria. Las obras que nos ha otorgado en este género han contribuido a algunas de las discusiones más intensas del quehacer crítico (como sucedió en su texto sobre la onda), y ha contribuido a dilucidar la obra de una variedad de autores mexicanos, desde la época colonial hasta la contemporánea. Recogidos en libros como Borrones y borradores (1992), Repeticiones (1979) y Esguince de cintura (1994), los trabajos de Glantz en la crítica literaria son notables, porque resisten esas desafortunadas distinciones heurísticas que insisten en deslindar el "ensayo creativo" del “ensayo crítico” y del “ensayo académico”. Si acaso, en la obra crítica de Margo Glantz, existe la demostración fehaciente de que el pensamiento crítico habita espacios de intersección entre el estilo, las ideas y la investigación. Sus trabajos sobre Sor Juana o sobre Cabeza de Vaca son tan notables por su rigurosidad como lo son por su legibilidad y, en el encuentro de ambas, emerge el tipo de iluminación sobre el pasado que constituye el estándar más alto de todo crítico. El primer ensayo incluido aquí, “Ciudad y escritura”, utiliza las Cartas de relación de Hernán Cortés para explorar los paralelos entre espacio y escritura, así como el rol de la escritura colonial en la “fundación mítica” del territorio americano, su paso de y a la escritura, elaboración en la que Glantz lleva a un punto de tensión la tesis de la “invención de América” de Edmundo O’Gorman. Glantz observa: “en el acto mismo de la rebelión de Cortés está inscrito el proyecto de fundar una ciudad”. El entretejido entre la rebelión y la fundación en la estructura escritural de las cartas de relación es revelado por la interpretación de Glantz en un trabajo crítico y una escritura rigurosa que se fundan en la sensibilidad hacia las minucias del lenguaje, la lucidez que identifica las consecuencias textuales e ideológicas de pliegues de la historia y el diálogo cuidadoso y sin concesiones con sus predecesores y contemporáneos en la crítica. Publicado originalmente en la revista académica Hispamérica y reproducido en Borrones y borradores, “Ciudad y escritura” es uno de los grandes textos críticos de Glantz y de la crítica mexicana, por la relevancia y carácter iluminador de su lectura y por su ilustración del potencial de una escritura crítica sin remilgos, que no participa en las arbitrarias subdivisiones genéricas que suele imponérsele al ensayo. Por su parte, “La Malinche: la lengua en la mano” ofrece al lector una potentísima reflexión sobre el icónico personaje fundacional de Malintzin o doña Marina, en el que confluyeron distintos circuitos de poder de género y de lenguaje en el proceso de colonización. Haciendo una cuidadosa arqueología y genealogía textual, tanto en obras del siglo XVI como en lecturas modernas y contemporáneas de dichas historias, Glantz libera a la Malinche de los clichés heredados por siglos de estereotipos y superficialidades y nos presenta un personaje intenso y fascinante, cuyo complejo lugar en la historia cultural contemporánea amerita urgente revisión. Publicado en la revista académica Dispositio en 1993 y por Debate Feminista en 1994, y reproducido posteriormente en el libro La Malinche, sus padres y sus hijos en 2001, “La Malinche, la lengua en la mano” ha ilustrado la enorme fluidez de los textos de Glantz en su circulación entre espacios de lectura académicos y no académicos, desde la revista especializada hasta la editorial comercial. Juntos, los dos ensayos que se ofrecen al lector aquí confirman la importancia de Glantz en el panorama crítico y literario de nuestra época y nuestro continente.

 

Ignacio M. Sánchez Prado