V. El juego del volador en Mesoamérica


Entre los pueblos de toda la América prehispánica, fueron muy comunes los juegos y bailes ceremoniales tal como el Volador o el de pelota. Entre éstos hay gran diferencia en cuanto a la arqueología, ya que el primero no deja evidencias físicas, como los juegos de pelota o plataformas de baile.

Tampoco existen pruebas respecto a la antigüedad de este juego-ceremonia aunque es factible que se remonte a épocas muy tempranas. Al parecer es típicamente costeño, específicamente del Totonacapán —o por lo menos muy asociado a esa región—, pero difundido a amplias regiones tales como Puebla, Oaxaca (Cuicatecas) y quizás Hidalgo. Los españoles lo vieron jugar en muchos sitios, y en la ciudad de México continuó durante toda la colonia. Actualmente está reducido a la región montañosa de Puebla entre los Otomíes, y a Veracruz entre los Totonacas. Los centros Totonacas más conocidos fueron sin duda Zempoala, Misantla, Jalapa y Papantla.

En cierta forma podemos plantear un origen costeño, que se haya difundido con los movimientos comerciales de estos pueblos costeros hacia Tenochtitlan y otras regiones a través de grupos nahuas.

Existe en la actualidad una extensa bibliografía específica sobre el juego, en particular respecto a sus aspectos etnográficos.9 Sabemos también que el juego era netamente ceremonial y que estaba relacionado con otros similares, tal como es el sacrificio por flechamiento. Este último estaba asociado a los Huastecos, vecinos de los Totonacas.

Resumiendo, pensamos que es factible la presencia de este juego prehispánico en un sitio como Zempoala, ubicado en el camino entre Tenochtitlan y la costa.

Todo esto nos lleva a pensar en la importancia del análisis de todo tipo de evidencias históricas, no importando la categoría formal que represente, ya que muchas veces nos puede decir mucho más un simple dibujo espontáneo en un muro que la más perfecta obra pictórica del arte culto. El arte popular, gracias a sus propias raíces, posee un bagaje de sensibilidad, de espontaneidad y sencillez, que en este caso su contrapartida, la pintura religiosa, nunca llegó a tener.


9 Sobre el juego hay bibliografía en gran cantidad. Podemos citar el de Helga Larsen, "Notes on the volador and associated ceremonies and superstitions", Ethnos, No. 4, vol. 2, pp. 179-192, 1973; Stockolm. Otro trabajo es "El volador mejicano" de José Tudela, Revista de Indias, núm. VIII, pp. 71-88, 1946.