La piel de toro

I

El toro, en la arena de Sepharad,
embiste la piel extendida
y, levantándola, la vuelve bandera.
Contra el viento, esta piel
de toro, del burel cubierto de sangre,
es ya harapo hinchado por el oro
del sol, librado para siempre al martirio
del tiempo, oración nuestra
y blasfemia nuestra.
A la vez víctima, verdugo,
odio, amor, lamento y risa,
bajo la huraña eternidad del cielo.


II

Eres piel de toro extendida,
vieja Sepharad.
El sol no puede secar,
piel de toro,
la sangre que hemos derramado,
la que derramaremos mañana,
piel de toro.
Si miro por encima del mar,
si lejos me pierdo en el canto,
si me adentro más allá del sueño,
siempre que me atrevo a mirar
mi corazón y su terror,
veo la extendida piel de toro,
vieja Sepharad.