Guillaume Apollinaire



Prólogo, selección
y traducción de
Ulalume González
de León




VERSIÓN PDF


Prólogo
Singular en plural, plural en singular

 

Guillaume Apollinaire (1880-1918), experto en burlar límites de tiempo y espacio, supo alojar en treinta y ocho años de vida a todo un “cortejo” de yos y darles la edad de una leyenda. La del amigo inolvidable, tan rico en personalidades que Henri Hertz le decía: “Te prefiero plural a singular”. La del viajero “ebrio de haber(se) bebido el universo”, que canta “la alegría de vagar y el placer de morir errante”, y vaga lo mismo por países, en que es también turista del tiempo, ávido de leyendas, que por libros: “Leyó lo que nadie sabía”, dice Paul Dermée, pero “ignoró con soberbia glorias indiscutibles”. La del soldado que escribe poemas de amor a la luz de la artillería y a veces canta las miserias del combate, o sus alegrías —pero con exaltación dionisíaca, no guerrera—, o hace de miserias esplendor: “Una bella Minerva nació de mi cabeza/Una estrella de sangre es mi eterna corona”, dice el Malherido. Y la del Mal Amado por tantas mujeres, siempre entre el júbilo sensual y los martirios del otro amor, le Ravageur, que arrasa “a la vida como a la tierra” los ejércitos. Como poeta es igualmente múltiple. Tiene versos con metro y rima; regulares pero blancos; regulares junto a libres, sin rimas ni asonancias; con rimas para un oído muy fino, nada ortodoxas; toda clase de estrofas; imágenes plásticas, humo­rísticas, analógicas, surrealistas, guerreras; uniones de alejadas realidades, exotismos del tiempo y del espacio, palabras raras que detienen a media frase y “grandes palabras” comunes pero que recuperan todo su peso; reemplaza la puntuación por las articulaciones naturales del habla; y es lírico y prosaico, realista y fantástico, elegiaco y procaz, burlón y patético, grotesco, sentimental, erótico, épico, nostálgico.

Su obra es al mismo tiempo ruptura con la tradición romántico-simbolista y restauración. A rasgos heredados de Nerval y del simbolismo, acentos de Villon, Rabelais, Ronsard, la canción popular, une personajes, lugares, leyendas, símbolos, alusiones mitológicas de un pasado cosmopolita, huellas de la corriente hermética que tácitamente se filtra en la poesía occidental desde el Renacimiento, confiriendo a todo lo pretérito una actualidad imprevista, insolente. El poeta que afirme: “Junto al ayer brillante, mañana es incoloro”, coexiste con el que se dice “cansado de este mundo tan antiguo”. Ante la novedad de su espíritu, Bretón (que tomó de él el término “surrealista”) no vacila en llamarlo ultramoderno. También es el más original de los que renovaron la poesía de su lengua a principios de siglo, y une a ese don la conciencia de la distancia necesaria para preservar, frente a modas o compromisos literarios, la voz individual. Campeón de las vanguardias, no se adhiere sino a lo que es en ellas subversión lógica y moral, aventura vital. En una nota enviada al Mercure de Trance para anunciar Caligramas, confirma su independencia: “El señor Guillaume Apollinaire no toma actitudes, se lanza resueltamente a los descubrimientos”. Sabe que la novedad deja pronto de ser sorpresa, y que “la sorpresa es el más poderoso de los recursos modernos”. Se inspiró en las técnicas de cubismo y futurismo para crear un simultaneísmo poético tan delirante como la “escritura automática”, pero más novedoso: de una inspiración vigilada que rompe, como no pudo hacerlo la aleatoria inspiración surrealista, con lo sucesivo y lineal del poema.

 

***

 

Para llamar la atención sobre su nueva poética, abre Alcoholes (1898-1913) con un poema de 1912, “Zona” —uno de los que sus contemporáneos llamarían “poemas-conversación”, “poemas paseo”, “visionarios”: uno de sus varios poemas simultaneístas. “Zona” conversa, busca un lenguaje más cercano al de la vida, con su espontaneidad y movimiento, libre de imposiciones métricas, no sujeto en su desarrollo a las categorías lógicas, sin puntuación como el flujo de la conciencia y como éste propenso a perder el hilo ante un detalle: lo mismo la poética “cetonia en el corazón de una rosa” que el “olor” a miseria de un emi­grante que carga un “edredón rojo”. Con igual fluidez pasa de la intensidad visionaria, la evocación de Cristo, o de la contemplación dolorosa y lírica del amor que se pierde y la belleza que declina, al prosaísmo; mezcla lo cristiano a lo mitológico, y lo fantástico —pájaro Roe, fénix ardiente, pihis que vuelan con sólo un ala— a la realidad cotidiana, ahora rica de elementos incorporados a la poesía desde el futurismo y con el cubismo —calle industrial, sirena de fábrica, avión, estación de ferrocarril, ruido de autobuses, o los periódicos, anuncios, inscripciones murales que son la poesía” en plena calle.

“Zona” es también monólogo interior, capta el pensamiento en su frescura original, con sus rupturas y sus iluminaciones relampagueantes, sus recuerdos, pasiones y deseos. En la narrativa, esa técnica por la que un personaje evoca en un breve lapso múltiples momentos de su vida se acerca al simultaneísmo; Valery Larbaud señala que nace con Les lauriers sont coupés, novela de 1887 de Edouard Dujardin, que Joyce le dijo conocer (Ulises fue terminada en 1921 y —otra referencia— The Waste Land es de 1922). Pero “Zona” no es un relato. Están más cerca del cuento los poemas-conversación escritos entonces por Blaise Cendrars. En Apollinaire aun lo prosaico tiene la levadura que lo vuelve canto: Louis Parrot recuerda que se inspiró en Cendrars, pero reconoce su “frase musical” y llama a los poemas de Cendrars “prosa poética”. Compárese “Hay anuncios, rojo verde multicolores como mi pasado en suma amarillo” (Prosa del Transiberiano) con “Del rojo al verde todo el amarillo muere” (“Las ventanas”). Además de música hay en este verso un movimiento en que se funden sus elementos, y ésta es otra diferencia que podemos hacer extensiva a la que hay entre las poesías de ambos: Cendrars no llega a esa fusión, hay articulaciones lógicas en lo que cuenta y sus digresiones resultan naturales, nunca el salto de Apollinaire. Al presentar su Transiberiano como el “Primer libro simultáneo”, deplegable, sin la intermitencia de las páginas, sólo creó un objeto novedoso; y es significativo que, de 1917 a 1923, buscara abrir nuevas posibilidades poéticas, en un tiempo más semejante al vivido, por medio del montaje cinematográfico.

Antes de ampliar las comparaciones, repasemos “Zona” en busca de la realidad que arma Apollinaire para volver continuidad las intermitencias de pensamientos, sensaciones, sentimientos, imágenes, anécdotas. Los que llamo “lugares del tiempo” (sin distinguir tiempos de espacios) se desplazan en este poema sin cesar del pasado al presente y al revés, y el presente anticipa el futuro. De “esta mañana” en cualquier calle de París, el poeta retrocede a un “esta mañana” anterior en cierta “calle industrial” y, sin transición, a esta misma calle pero en su infancia y a las noches en la capilla del infantil internado; salta entonces tiempo afuera, con la evocación de Cristo, al no lugar que congrega a Simón el Mago Ícaro Enoch Elias Apolonio de Tiana, pero que penetra ya el futuro porque Cristo es aviador sin salir —continuidad de todos los tiempos— de una intemporalidad en que pájaros fabulosos saludan a la máquina voladora; y siempre sin transiciones vuelve al hoy y pasea por París, en un presente tomado sin embargo por la memoria de todo lo perdido e interrumpido por saltos a lugares del tiempo más o menos alejados (“las agujas del reloj giran en sentido contrario/Y tú retrocedes lentamente por tu vida”) antes de la vuelta final al hoy que es tam-bién ”adiós” tácito (fin de un amor) y se abre al porvenir con “esperanzas sombrías” —tal vez una manera de decirnos que el tiempo no se corta, sigue, a pesar del “cuello cortado” final, resumen del poema que originalmente se titulaba “Grito”.

 

***

 

El simultaneísmo de Apollinaire es el más logrado en la poesía de su época, el que más visible hace en el poema esa “cuarta dimensión” de que se habla en 1912 a propósito del cubismo y, con más razón —porque el cubismo es estático, del dinámico orfismo, que poniendo en movimiento los instantes separados los funde en tiempo vivido. El simultaneísmo, meta de los futuristas (que crearon ese término), “sólo fue un grito” para ellos, escribe en 1914 el belga Félix Mac Delmarle en la revista de Henri-Martin Barzun; para alcanzarlo en pintura, “a la búsqueda (cubista) de la simultaneidad en los aspectos del objeto... debe añadirse la simultaneidad de las varias sensaciones que convergen para integrar nuestra emoción”. Los pinto­res italianos —dice Douglas Cooper— adoptarían los procedimientos de Delaunay por hallarlos más adecuados a esa búsqueda. En cuanto a Marinetti, hizo esfuerzos sintácticos con sus “palabras en libertad”; pero las sensaciones de su poesía táctil, olfativa, termométrica, permanecen inconexas (sus poemas son pobres, aunque revolucionen la tipografía y estén cargados de energía, y no pasan del ingenio verbal). En Francia, la simultaneidad del Dramatisme de Barzun consiste en que varios actores reciten al unísono las diferentes partes de un poema escrito para el solo oído, pero los que él dice con Fernand Divoire (como Tzara con Janeo) en el Cabaret Voltaire son inaudibles y, leídos, dejan de ser “simultáneos”. También suprime Reverdy los nexos sintácticos, inspirado por el cubis­mo; en Sur le cubisme (1917) observa que la sintaxis de éste es “lo más importante descubierto en Arte desde la perspectiva”, a la que reemplaza; y no deja de subrayar que los objetos, elementos pictóricos, están “totalmente apartados de lo anecdótico” —como su poesía, “vida se­llada, inexpresable”, sin geografía ni historia, en que lo humano es transmutado en esencias.

Apollinaire aprovecha las lecciones del cubismo, extrema en comparación a Cendrars la supresión de nexos sintácticos y transiciones, admite como éste la anécdota que Reverdy descarta; pero añade, tanto a las yuxtaposiciones cubistas como a las sensaciones inconexas del futurismo, el movimiento, creador de lo que Bergson llama “duración pura”, o sea, tiempo vivido. La duración es movimiento. Para Bergson la memoria, “automatismo y reflexión” a un tiempo, recuerda lo instantáneo, pero no cual si apareciera y desapareciera en un presente sin pasado ni futuro, sino como “un progreso continuo del pasado que muerde al porvenir y se hincha al avanzar”, que “excluye toda idea de yuxtaposición”, y sin el cual “no habría sino instantaneidad”; la memoria-reflexión es “fusión y organización” que implica un “esfuerzo”. Las retahilas inconexas y linea­les de los surrealistas, las imágenes yuxtapuestas y los instantes fijos “sin futuro ni pasado de Reverdy, son memoria/ automatismo, yuxtaposición e instantaneidad; Apollinaire es movimiento, memoria/reflexión, fusión y organización. Aunque las palabras sucesivas se resistan a una fusión espacial y simultánea, Apollinaire, mejor que novelistas o cuentistas, imita el movimiento por el ritmo del poema (en una aceptación, veremos, más amplia que la habitual), e imita lo simultáneo por ese “moderse” los unos a los otros de sus lugares del tiempo que se da por la supresión de los nexos y por la coherencia que confiere al todo la analogía. Está presente en “Zona” y otros poemas, tanto en las imágenes, identidad de realidades alejadas (religión/hangares, Cristo/horca/, siglo/pupila), como entre los diversos grupos de elementos convocados, el sistema de equivalencias y oposiciones de una correspondencia universal.

 

***

 

Esos grupos forman en torno al centro, singular/plural, del poeta que escribe, recuerda, ordena apariciones en versos sueltos o en estrofas, y de las máscaras del poeta. En “Zona”, el hombre moderno que halla en la ciudad lo mismo a la “poesía de la calle” que a la miseria (emigrantes, prostitutas, bar crapuloso); el espíritu religioso que siente al cristianismo vivo y siente su nostalgia, pero no entra en la iglesia y se burla de sí mismo al sorprenderse rezando; el enamorado del amor antes de “la mentira”, el Mal Amado al que la angustia “aprieta la garganta”; el viajero y el amigo, pero en recuerdos “dolorosos y alegres” —los grupos se organizan y responden en torno a dos ejes, dos aspectos de la vida: presente y pasado, espíritu y materialidades ineludibles, esplendor y miseria o deterioro. En “El músico de Saint-Merry”, entre las máscaras-imanes están la del visionario y el profeta; en eco a su “Cortejo”: “conozco a los otros/por los cinco sentidos y otros más” (en todo el poema se adivina o profetiza), el poeta dice aquí: “por fin tengo derecho a saludar a seres que no conozco”, y también: “canto mis posibilidades”. Los otros, en ambos poemas, son “los desconocidos de sí mismo” (Pessoa según Paz). El poeta es el flautista, que toca “el aire que yo canto y yo inven­té”; y éste se desdobla, es el músico ambulante real; el ser mitológico que mueve su Cortejo de Orfeo (otro título de Bestiario); el legendario flautista de Hamelin; el “hombre sin ojos sin nariz ni orejas” (título de un futuro ballet de 1916), que según Bozzola pintarían Chirico a partir del 14 y después Carra y Morandi; y es, como en “Zona”, el hombre frente a su ciudad, el barrio en decadencia de un París antaño monárquico y esplendente, y el Mal Amado por su amor real (“morimos de vivir lejos el uno del otro”) que evoca con acentos de Villon nombres de mujeres imaginarias, y tal vez se desquita borrando a todas, superpuesto al flautista, en la “casa vacía”. Otra vez los elementos dispersos se congregan y se hacen eco desde dos ejes: en torno a uno están lo familiar, lo actual, el deterioro de los edificios, la vida, lo visible, el lenguaje coloquial; en torno al otro lo fantástico, lo oculto, lo pasado o intemporal, lo invisible, el esplendor perdido, el lirismo y hasta el verso rimado en la evocación de los reyes. El ritmo del poema es también este movimiento dado por atracciones y rechazos. Apollinaire hace visible que “todo elemento de una secuencia es una comparación... donde la similaridad está proyectada sobre la contigüidad” (la fusión sobre la yuxtaposi­ción), “toda metonimia es ligeramente metafórica, toda metáfora tiene un matiz metonímico” (Jakobson).

Su logro me devuelve al Delaunay que entrega las sensaciones sin disociarlas, en quien todo gira con cálidos colores y, por la interacción de éstos, se da una relación dinámica y orgánica —no por la de las líneas (“En mi cabeza líneas, sólo líneas”, dice Reverdy). Como en ese Delaunay órfico, solar, en Apollinaire están según Dermée “el sol”, “la rueda”, los “poemas cósmicos” en que “el poeta se encuentra en el centro” y lo ve todo, “simultáneamente, en la circunferencia de su horizonte”. Pero ambos organizan sus composiciones en torno a más de un centro: “Quiero hallar puntos de vista en diferentes lugares”, dice Delaunay; y en Apollinaire, junto al centro inmóvil y singular/plural que acabo de describir, hay otros centros en movimiento; de allí que Dermée hable de “poemas-paseo”. Desde el fijo, Apollinaire se recuerda, otro modo de desdoblarse, y se mira, en la “rueda” u “horizonte”, de paseo por distintos lugares del tiempo. Cada doble es el centro nómada de un pequeño universo satélite: el niño vestido “de azul y de blanco”, su internado, su amigo, su capilla, su devoción; el adulto que recorre París e innumerables lugares de Europa imantando otras imágenes. “Poemas cósmicos”, sí, pero con movimientos, interacciones entre tantos yos planetas o soles, con tantos juegos de las fuerzas centrífuga y centrípeta, que son delirante astronomía. La “zona” de “Zona” y otros poemas es la de esos encuentros.

***

En coincidencia con Apollinaire, el Modernism recupera la tradición con sentido y por medios modernos. Pound y Eliot incluyen en sus registros el prosaísmo, el habla familiar y los giros populares; circulan por la historia, las mitologías, la geografía, la ciudad moderna, los recuerdos. Como el poeta francés, Pound tiene una variedad excepcional de ritmos y estructuras, y libertad para romperlos; discontinuidades sintácticas y saltos (“Se me reprocha que doy saltos, que no indico la progresión de un punto a otro”); y versos igualmente unidos según el principio de “la necesidad interior” (Kandinsky). Por último, el Modernism y Apollinaire coinciden con las vanguardias por la aplicación de las técnicas del simultaneísmo y del collage.

En 1968, Fauchereau observa esa coincidencia en dos capítulos, los dedicados a Eliot y a Pound, de su libro Lecture de la poésie Américaine. Aunque se pueda preferir a Eliot y a Apollinaire, Pound es mucho más ambicioso. “Los Cantos, dice Fauchereau, quieren ser herederos de la Odisea —”son un viaje por espacio, tiempo, el corazón humano y otras dimensiones”— “y de la Divina Comedia”, no sólo porque encierran “su infierno” y “su purgatorio que debe encaminar al poeta hacia el paraíso” (omito su desarrollo del tema), sino por su propósito de abarcar toda “la tradición” y “la tragedia de un hombre y de su siglo”. Fauchereau estudia tanto en Eliot como en Pound el desfile de espacios y tiempos “que interfieren los unos con los otros, van y vienen entre presente y pasado, entremezclan los temas y los reiteran; y, en el caso de Pound, su sintaxis discontinua y la organización en que “una imagen se yuxtapone a otra sin nexos, pero el poema forma un todo coherente, “procedimiento que no sorprende más que en los países anglosajones”. Y concluye: “Para el lector francés será especialmente fácil comprobar la relación entre esta técnica y las del simultaneísmo y el collage”, aunque “los críticos obstinados no lo han visto” y “pretenden que Pound no es capaz de pensamiento continuo”.

Dice también que el collage está representado en Pound y Eliot por las citas —menciona asimismo la intercalación de signos chinos en el primero y de diversos idiomas en ambos—, pero que, “mientras ellos utilizan versos de grandes poetas... los otros collages tienen un origen humilde”: pancartas, carteles, recortes de periódicos, conversaciones, en Apollinaire, Tzara, Aragón, Bretón, W. C. Williams, etcétera. No le pasa inadvertida la diferencia de sintaxis entre simultaneísmo y surrealismo: “Los surrealistas hacían hincapié en el automatismo y el inconsciente; los Cantos son fruto de un enorme trabajo consciente”. Y señala por último que la incorporación de los “ideogramas” revela “una preocupación por el aspecto del poema en la página” que, relativamente moderna, parte de Mallarmé, Apollinaire y Reverdy, así como la disposición de las “líneas negras en forma de poema” habla de un efecto sugerido a Pound por el Poème Optique de Man Ray.

 

Ulalume González de León


bibliografía

 
 
 
 
 


Apollinaire, Oeuvres Poétiques (La Pléyade, NRF, París 1965). Incluye Le Bestiaire (1911); Alcools (1898-1913); Caligrammes (1913-1918); Vitam Impenderé Amori (plaquette de 1917) y varias publicaciones postumas —colecciones de poemas inéditos, o tomados de revistas, o sacados de su correspondencia y de sus obras en prosa—; Il y a, 1925; Poèmes a Lou (Ombre de mon amour), cuya edición integral data de 1955; Le guetteur mélancolique, 1952; Poemes a Madeleine, recogidos con cartas a ésta en Tendré comme le souvenir, 1952 (salvo dos de sus “Poemes secrets”, que la Pléyade sí incluye al tiempo que descarta los ya integrados a Caligrammes), y otros textos no reunidos antes, agrupados bajo los títulos de Poèmes a la marraine, Poèmes retrouvés, Poèmes épistolaires, Poèmes inédits.

Apollinaire par lui-même, de Pascal Pia (Seuil, París, 1967).

Blaise Cendrars, de Louis Parrot (Seghers, 1948).

Lecture de la poésie Américaine, de Serge Fauchereau (Editions de Minuit, París, 1968).

LʼEsprit Nouveau (Edición facsimilar, Da Capo Press, New York, 1969). En el No. 1, cita de Aragón; en el No. 26, de Paul Dermés y Hanri Hertz.

Cubism, de Edward Fry (McGraw-Hill, New York, 1966).

Dada, de Hans Richter (McGraw-Hill, New York, 1965).

Futurism, Tisdall & Bozzolla (Oxford University Press, N. Y., 1966).

The Cubist Epoch, de Douglas Cooper (Phaidon, London, 1970).

Oeuvres y Mélanges, de Bergson (1959 y 1972 respectivamente, en Presses Universitaires de France). Mis citas son un collage de conceptos expresados en L'évolution créatrice, Essai sur les données immédiates de la conscience, La pen-sée et le mouvement, Durée et simultaneité.

 


Ibis

 

En lo oscuro de la tierra
me dará la muerte asilo.
Latín mortal, palabra que me aterra,
ibis, el pájaro del Nilo.


Carpa

 

Viva el estanque ha de verte
largos años todavía:
olvidada de la muerte,
pez de la melancolía.


Medusas

 

Medusas, testas desdichadas
de cabellera violeta:
de la tormenta enamoradas,
os parecéis al poeta.


Cangrejo

 

Incertidumbre, ¡qué placer
cuando contigo yo me alejo
vernos andar como el cangrejo:
retroceder, retroceder!


Pulpo

 

Contra el cielo su tinta arroja,
chupa la sangre de lo amado
y deliciosa se le antoja.
Yo soy ese monstruo inhumano.


Moscas

 

De nuestras moscas la canción,
aprendida en Noruega, viene
de moscas gánicas que son
divinidades de la nieve.


Búho

 

Mi corazón es un búho
que clavan, desclavan, clavan.
Sangro y ardo y me consumo,
pero canto a quien me ama.


(El Bestiario o Cortejo de Orjeo)


Zona

 

En suma estás cansado de este mundo tan antiguo
Pastora oh torre Eiffel esta mañana bala el rebaño de
    los puentes
Estás harto de vivir en la antigüedad griega y romana
Hasta los automóviles parecen aquí antiguos
Sólo la religión se ve tan nueva como siempre la
    religión
Se ve igual de sencilla que los hangares de Port-Aviation

Sólo tú no eres antiguo en Europa oh Cristianismo
El europeo más moderno sois vos Papa Pío X
Pero a ti a quien vigilan las ventanas te impide la
    vergüenza
Entrar en una iglesia y confesarte esta mañana
Lees los prospectos catálogos carteles que a voz en
    cuello cantan
Son la poesía esta mañana y para la prosa están los
    diarios
Las entregas a 25 céntimos llenas de aventuras
    policiacas
Retratos de grandes hombres y mil títulos diversos

Esta mañana vi una linda calle de cuyo nombre me he
    olvidado
Nueva y limpia era el clarín del sol
Los directores los obreros y las hermosas mecanógrafas
Cuatro veces al día por allí pasan de lunes por la
    mañana a sábado por la tarde
Tres veces gime la sirena cada mañana
Una campana rabiosa ladra al mediodía
Las leyendas de letreros y paredes
Las placas los anuncios chillan como loros
Me gusta la gracia de esa calle industrial
Que está en París entre la calle Aumont-Thiéville y la
    avenida des Ternes

He aquí la joven calle y tú eres sólo un pequeñuelo
Tu madre no te viste más que de azul y de blanco
Eres muy piadoso y como al más antiguo de tus camaradas
    René Dalize
Nada te gusta tanto como la pompa de la Iglesia
Son las nueve bajaron el gas y azulea salís del
    dormitorio a escondidas
Rezáis toda la noche en la capilla del colegio

Mientras eterna y adorable profundidad amatista
Gira para siempre la deslumbrante gloria de Cristo
Es la hermosa azucena que todos cultivamos
Es la antorcha pelirroja que el viento no extingue
Es el hijo pálido y bermejo de la madre dolorosa
Es el árbol siempre frondoso de todas las plegarias
Es el doble cadalso del honor y de la eternidad
Es la estrella de seis puntas
Es Dios que muere el viernes y el domingo resucita
Es Cristo que sube al cielo mejor que los aviadores
Poseedor  del récord mundial de altura

Pupila Cristo del ojo
Vigésima pupila de los siglos que sabe arreglárselas
Este siglo se hace pájaro y se eleva como Jesús por los
    aires
Los diablos alzan la cabeza en los abismos y lo miran
Dicen que imita a Simón el Mago en Judea
Gritan si sabe volar que lo llamen volador
Dan de maromas los ángeles en torno al lindo
    volatinero
Ícaro Enoch Elias Apolonio de Tiana
Flotan alrededor del primer aeroplano
A veces apartándose abren paso a los que arroba la
    Santa Eucaristía
Esos sacerdotes que eternamente ascienden elevando
    la hostia
Aterriza el avión por fin sin plegar las alas
Se puebla el cielo entonces de millones de golondrinas Irrumpe un vuelo de cuervos halcones búhos
De África llegan ibis marabúes flamencos
El pájaro Roe celebrado por cuentistas y poetas
Planea apretando el cráneo de Adán la primera cabeza
    entre sus garras
Del horizonte se lanza el águila con un grito penetrante
Y llega de América el pequeño colibrí
Y de China los pihis alargados y flexibles
Que sólo tienen un ala y vuelan en parejas
Y acá está la paloma inmaculado espíritu
El pavo real ocelado y el ave-lira lo escoltan
El fénix esa hoguera que se engendra a sí misma
Con su ardiente ceniza lo vela todo por un instante
Tres sirenas que abandonaron los peligrosos estrechos Llegan cantando prodigiosamente
Y todos fénix águila y pihis de Chin
Fraternizan con la máquina voladora
Andas ahora por París solo entre la muchedumbre
Rebaños de autobuses ruedan mugientes a tu lado
La angustia del amor te anuda la garganta
Como si ya no fueras a ser amado nunca
Si vivieras en los buenos tiempos ingresarías en un
    monasterio
Te avergüenzas cuando te sorprendes diciendo una
    plegaria
Te burlas de ti mismo y como el fuego del infierno
    chisporrotea tu risa
Es como un cuadro colgado en un sombrío museo
Y a veces vas a verlo de cerca

Andas hoy por París las mujeres están ensangrentadas
Era y quisiera no acordarme era cuando declina la belleza

Nuestra Señora me miró en Chartres rodeada de llamas
    fervientes
La sangre de vuestro Sagrado Corazón me anegó en
    Montmartre
Estoy enfermo de oír las bienaventuradas palabras
El amor por el que sufro es una enfermedad vergonzosa
Y la imagen que te posee te hace sobrevivir en el insomnio
    y en la angustia
Siempre pasa a tu lado esa imagen
Ahora estás a orillas del Mediterráneo
Bajo los limoneros que todo el año florecen
Te paseas en una barca con tus amigos
Nizardo el uno hay un mentoniano y dos de La Turbie
Miramos con miedo a los pulpos de las profundidades
Y entre las algas nadan los peces imágenes del Salvador

Estás en el jardín de una posada en las afueras de Praga
Te sientes muy dichoso hay una rosa en la mesa
Y en vez de escribir tu cuento en prosa observas
A la cetonia que duerme en el corazón de la rosa
Con espanto te descubres dibujado en las ágatas de
    San Vito
Estabas muerto de tristeza el día que te viste en ellas
Te pareces a Lázaro enloquecido por la luz
En el barrio judío las agujas del reloj giran en sentido
    contrario
Y tu también retrocedes por tu vida lentamente
Mientras subes al Hradchin o escuchas cantar por la tarde
    canciones checas en las tabernas

Ahora estás en Marsella entre sandías

Ahora en Coblenza en el Hotel del Gigante

Ahora en Roma sentado bajo un níspero del Japón

Ahora en Amsterdam con una muchacha que te parece
    bonita pero es fea
Debe casarse con un estudiante de Leyden
En esa ciudad se alquilan cuartos en latín Cubicula
    locanda
Lo recuerdo pasé allí tres días y tres otros en Gouda

Estás en París frente al juez de instrucción
Como a un criminal te arrestan

Has hecho viajes dolorosos y viajes alegres
Antes de descubrir la mentira y el paso de los años
Sufriste por amor a los veinte y los treinta
No te atreves a mirarte las manos y yo quisiera llorar a
    toda hora
He vivido como un loco y he perdido mi tiempo
Por ti por la que amo por todo lo que te ha causado
    miedo

En lágrimas los ojos miras a esos pobres emigrantes
Rezan creen en Dios las mujeres amamantan a sus hijos
Llenan con sus olores el vestíbulo de la estación de
    Saint-Lazare
Tienen fe en su estrella como los Reyes Magos
Esperan ganar dinero en Argentina
Y amasada una fortuna regresar a su patria
Una familia se lleva un edredón encarnado como quien
    se lleva su corazón
Ese edredón y nuestros sueños también son irreales

De esos emigrantes se quedan aquí algunos y se alojan
    en cuchitriles
En la calle des Rosiers o en la calle des Ecouffes
Los he visto a menudo por la noche toman el fresco en
    las aceras
Como las piezas de ajedrez raramente se desplazan
Sobre todo hay judíos sus mujeres usan pelucas
Se la pasan sentadas exangües en las trastiendas

Estás de pie ante el mostrador de un bar crapuloso
Tomas un café de dos céntimos entre los infelices

Esta noche estás en un gran restaurante

Esas mujeres no son malas tienen pesares sin embargo
Todas hasta la más fea ha hecho sufrir a su amante

Es la hija de un policía de Jersey

Sus manos que no había observado están duras y
    agrietadas
Me dan profunda lástima las suturas de su vientre

Humillo ahora mi boca en una pobre cortesana de risa
    horrible

Estás solo va a llegar la mañana
Los lecheros hacen tintinear en las calles sus bidones
La noche se aleja como una bella segadora
Es Ferdine la falsa o Lea la atenta

Y tú bebes este alcohol quemante como tu vida
Tu vida que te bebes como un aguardiente

Caminas hacia Auteuil quieres volver a tu casa
Dormir entre tus fetiches de Guinea y de Oceanía

Son Cristos con otras formas y de otras creencias
Son los Cristos inferiores de las sombrías esperanzas

Adiós Adiós

Sol cuello cortado


El Pont Mirabeau

 

Bajo el Pont Mirabeau corre el Sena
      Y nuestros amores
Para qué recordar
Siempre llega
La alegría después de la pena

Venga la noche suene la hora
Se van los días yo quedo a solas

Frente a frente juntemos las manos
        Mientras pasa
Bajo el puente que forman los brazos
De miradas un río cansado

Venga la noche suene la hora
Se van los días yo quedo a solas

Pasen días semanas sin tregua
        Ni tiempos ni amores
        Pasados regresan
Bajo el Pont Mirabeau corre el Sena

Venga la noche suene la hora
Se van los días yo quedo a solas


Clotilde

 

En el jardín han crecido
La anémona y la ancolia
Y entre el amor y el desdén
Duerme la melancolía

Vagan también nuestras sombras
Se disipará con ellas
Cuando la noche las borre
El sol que las hace negras

Deidades del agua viva
Sus cabelleras derraman
Olvídalas y persigue
la bella sombra deseada


Marie

 

Allí bailabas cuando niña
Y bailarás abuela-bis
La misma danza saltarina
Sonarán todas las campanas
Cuándo habrás de volver Marie

Guardan las máscaras silencio
Mientras la música se aleja
Como llegada desde el cielo
Sí yo quiero quererte pero quererte apenas
En delicioso desconsuelo

Pasan borregos por la nieve y se
Mezclan copos de lana y de diamante
Unos soldados pasan y por qué
No tengo corazón propio y este cambiante
Corazón cambia y luego ya no sé

Sé acaso qué será de tus cabellos
Crespos como un marino cabrilleo
Sé acaso qué será de tus cabellos
Y de tus manos hojas del otoño que veo
Aún sembrado de mutuos juramentos

Por la orilla del Sena
Un viejo libro bajo el brazo
Iba yo por el río parecido a mi pena
Que inagotable aprieta el paso
Oh cuándo acabarán la semana y mi pena


 

Cortejo

 

Tranquilo pájaro de vuelo inverso pájaro
Que anidas en el aire
En el límite donde ya brilla nuestro suelo
Cierra tu párpado segundo la tierra te deslumbra
Cuando alzas la cabeza

Y yo también de cerca soy sombrío y opaco
Una bruma que acaba de oscurecer a las linternas
Una mano que se posa de pronto ante los ojos
Una bóveda entre vosotros y todas las luces
Y me alejaré iluminándome en medio de sombras
E hileras de ojos de los astros bienamados

Pájaro tranquilo de vuelo inverso pájaro
Que anidas en el aire
En el límite donde ya brilla la memoria
Cierra tu párpado segundo
No por el sol no por la tierra
Sino por ese fuego oblongo cuya intensidad irá aumentando
Hasta que un día sea la luz única

Un día
Un día me esperaba yo a mí mismo
Me decía Guillaume ya es hora de que llegues
Para que sepa al fin quién es ese que soy
Yo que conozco a los otros
Por los cinco sentidos y otros más los conozco
Me basta con ver sus pies para poder reconstruir por
    millares a esa gente
Con ver sus pies pánicos uno solo de sus cabellos
O su lengua cuando me place hacerla de médico
O sus hijos cuando me place hacerla de profeta
Los barcos de los armadores la pluma de mis cofrades
La  moneda de los ciegos las manos de los mudos

O bien aunque no por la escritura sino por el vocabulario
Las cartas de los que tienen más de veinte años
Me basta con husmear el olor de sus iglesias
El olor de los ríos en sus ciudades
El perfume de las flores en los jardines públicos
Oh Cornelio Agripa el tufo de un perro pequeño me
    hubiera bastado
Para describir exactamente a tus conciudadanos de
    Colonia
Sus reyes magos y la letanía ursulina
Que te inducía al error respecto a todas las mujeres
Me basta con probar el sabor del laurel que ellos
    cultivan para que ame o escarnezca
Y tocar sus vestimentas
Para saber con certeza cuál no es y cuál es friolento
Oh gente que conozco
Me basta con oír el ruido de sus pasos
Para poder indicar el rumbo que han tomado
Con todos ésos me basta para sentime con derecho
A resucitar a los otros
Un día me esperaba yo a mí mismo
Me decía Guillaume ya es hora de que vengas
Y con paso lírico se adelantaban los que amo
Entre los cuales yo no estaba
Los gigantes cubiertos de algas atravesaban sus
    ciudades
Submarinas donde sólo las torres eran islas
Y ese mar con las claridades de sus abismos
Corría sangre de mis venas y me hace latir el corazón
Luego llegaron a tierra mil tribus blancas
Cada uno de sus hombres con una rosa en la mano
El lenguaje que inventaron en el camino
Lo aprendí de sus bocas y lo hablo todavía
El cortejo pasaba y yo buscaba en él a mi cuerpo
Todos los que se aparecían y no eran yo
Traían uno a uno pedazos de mí mismo
Me construyeron poco a poco como se levanta una torre
Los pueblos se acumulaban y aparecí en persona
Formado por todos los cuerpos y las cosas humanas

Tiempos idos Difuntos Dioses que me formasteis
Sólo vivo pasando cual vosotros pasasteis
Del porvenir vacío los ojos he apartado
Y en mí mismo contemplo cómo crece el pasado
Nada ha muerto Murió sólo que no existe
Junto al ayer brillante todo mañana es triste
Incoloro e informe junto a lo que perfecto
Simultáneo al esfuerzo nos presenta el efecto

 

 


La Blanca Nieve

 

Los ángeles los ángeles del cielo
Uno está vestido de oficial
Uno de cocinero
Y los otros se ponen a cantar

Bello oficial de azul color
Después de Navidad enmedallado por
La dulce primavera serás con algún sol
Un bello sol

Ocas despluma el cocinero
Ah! cae la nieve
Cae la nieve leve
Entre mis brazos a mi amada quiero


El Adiós

 

Corté una brizna de brezo
Murió el otoño recuérdalo
Ya nunca más volveremos
A vernos sobre la tierra
Brezo en brizna olor del tiempo
Y recuerda que te espero


Saltimbanquis

 

La farándula se aleja
por el llano entre jardines
por aldeas sin iglesias
cruzando tabernas grises

Los niños marchan delante
Detrás soñando los viejos
Se resignan los frutales
Si los descubren de lejos

Llevan osos monos sabios
Redondas cuadradas pesas
Tambores aros dorados
Imploran una moneda


El Brasero

 

Arrojé al noble fuego
Que transporto y adoro
Manos vivas y cráneos
De un pasado difunto
Yo te obedezco llama

La estampida de los astros
Que sólo es metamorfosis
Se mezcla al viril relincho
Del vivero de centauros
Y alaridos vegetales

Dónde están mis cabezas de antaño
Dónde el Dios de mi juventud
Se ha estropeado el amor que renazcan
Las llamas del brasero
Mi alma al sol se desviste

Crecieron llamas en los prados
Y nuestros corazones cuelgan de limoneros
Las cabezas cortadas que me aclaman
Los astros desangrados
No son sino cabezas de mujeres

El alfiler del río
Como un vestido a la ciudad te fija
Y a ese Anfión obediente
Tú asumes los colores
Que hacen ágil la piedra

Me incendio en el brasero de ardor adorable
Al que me arrojan múltiple sin término las manos de los
    creyentes
Arden junto a mí los miembros de los intercisos
Yo basto para alimentar por la eternidad el fuego de mis
    delicias
Y los pájaros protegen con sus alas mi rostro y el sol

Oh Memoria cuántas razas de bastardos
Desde las Tindáridas hasta las víboras ardientes de mi dicha
Son acaso las serpientes los cuellos de los cisnes
Que eran inmortales y no cantaban
Se renueva ahora mi vida
Pasan y vuelven a pasar grandes naves
Una vez más hundo mis manos en el Océano

Aquí están el paquebote y mi vida renovada
Sus llamas son inmensas
Estoy solo en mi amistad con la quemadura

Desciende de las alturas donde la luz piensa
Jardines ruantes más altos que todos los cielos móviles
Y en llamas cruza el aire el porvenir enmascarado

Esperemos oh amiga hasta que quieras

Me atrevo apenas a mirar la divina farsa

Cuándo habrá de azulear en el horizonte La Deseada

Más allá de la atmósfera se eleva un teatro
Que el gusano Zamir construyó sin herramientas
El sol llenó otra vez de sol las plazas
De una ciudad marina que surgió sobre el monte
Palomas fatigadas reposaban en los techos

Y el rebaño de esfinges vuelve a la esfingería
Lentamente De por vida oirá el canto del pastor
El teatro de allá arriba se construyó con fuego sólido
Como los astros con que el vacío se alimenta

      Y el espectáculo comienza
Yo estoy sentado en mi butaca para siempre
Mi cabeza mis rodillas mis codos vano pentáculo
Me crecieron llamas como hojas
Actores inhumanos claras bestias nuevas
Dan órdenes a hombres amaestrados
     Tierra
Oh Desgarrada a quien los ríos han zurcido

Mejor eternizarme en las esfingerías
Aspirante al saber para que allí me devoren


La Gitana

 

Por un signo de noche vio cruzadas
La gitana las vidas de los dos
Le dijimos adiós —de qué dios
Cual de un pozo brotó la Esperanza

De pie como un oso adiestrado
Bailó el amor cuanto quisimos
El ave azul perdió sus plumas
Su Ave María los mendigos

Nos condenamos lo sabemos
Y en el camino nos amamos:
Sólo abrazados pensaremos
En la gitana y su presagio


Schinderhannes

 

Bosques adentro con su banda
Schinderhannes se ha desarmado
El bandido por su bandida
De amor relincha y dulce es mayo

Benzel no ve —pues lee la Biblia—
Que en su puntiagudo sombrero
Sirve de blanco la gran pluma
A Jacob Born el contrahecho

Juliette Blaesius ha eructado
Y finge un ataque de hipo
Hannes suelta una falsa nota
Cuando Schulz llega con el vino

Y exclama lágrimas virtiendo
Odre de vino perfumado
Aunque aparezcan los gendarmes
Te beberé vino de mayo

Aprisa Julia la bonita
Bebe conmigo el claro caldo
Hierbas y vino de Mosela
Prosit Bandit ven en refajo

Pronto se embriaga la bandida
Y a Hannes quiere —que no quiere
Nada de amor mi zorra ahora
Un buen almuerzo me conviene

Porque es preciso que esta noche
A quien ya sabes asesine
Y habrán de ser bajo mi antorcha
Flores de mayo sus florines

Bebe la banda pee ríe
Y cuando acaba de almorzar
Se pone tierna —a la alemana—
Antes de irse a asesinar


Signo

 

Sometido al Señor del Signo del Otoño
Todos los frutos amo y detesto las flores
El beso concedido echo de menos como
El vareado nogal que gime sus dolores

Otoño eterno Otoño oh mi estación mental
Cubren tu suelo manos de lejanas amantes
Una esposa me sigue es mi sombra fatal
Y es un último vuelo de palomas la tarde

(Alcoholes)


Las Ventanas

 

Del rojo al verde todo el amarillo muere
Cuando cantan los aras en los bosques natales
Batida de pihis
Hay un poema por hacer sobre el pájaro que sólo
    tiene un ala
Lo enviaremos por mensaje telefónico
Traumatismo gigante
Hace manar los ojos
Qué bonita esa muchacha entre las jóvenes turinesas
El pobre muchacho se sonaba con su corbata blanca
Descorrerás la cortina
Y ahora sí la ventana se abre
Unas arañas cuando tejían luz las manos
Belleza palidez insondables violetas
En vano intentaremos descansar
Hay que empezar a media noche
Cuando se tiene tiempo se tiene libertad
Bígaros Lotte múltiples Soles y el Erizo de mar del
     poniente
Un viejo par de zapatos amarillos ante la ventana
Torres
Pozos son las plazas
Pozos
Árboles huecos que cobijan a las Mulatas vagabundas
Los Machos Cabríos cantan desesperadamente
A las Cabras cimarronas
Y la oca ua-ua trompetea en el norte
Donde los cazadores de mapaches
Raspen las peleterías
Reluciente diamante
Vancouver
Donde el ferrocarril blanco de nieve y de luces nocturnas
    huye del invierno
Oh París
Del rojo al verde todo el amarillo muere
París Vancouver Hyeres Maintenon Nueva York y las
    Antillas
La ventana se abre como una naranja
El hermoso fruto de la luz


El Músico De Saint-Merry

 

Por fin tengo derecho a saludar a seres que no conozco
Pasan frente a mí y se acumulan a lo lejos
Todo lo que en ellos veo mientras tanto me es desconocido
Y su esperanza no es menos fuerte que la mía

No canto ni a este mundo ni a otros astros
Canto todas las posibilidades de mí mismo fuera de este
    mundo y de los astros
Canto la alegría de vagar y el placer de morir errante

El 21 del mes de mayo de 1913
Barquero de los muertos y las mordonantes merianas
Millones de moscas soplaban esplendor
Cuando un hombre sin ojos sin nariz y sin orejas
Saliendo del Sebastopol entró en la calle Aubry-le-Boucher
Joven el hombre era moreno pero color de fresa sus mejillas
Hombre Ah! Ariadna
Tocaba la flauta y la música guiaba sus pasos
Se detuvo en la esquina de la calle Saint-Martin
Tocando el aire que yo canto que yo inventé

Las mujeres que pasaban se detenían a su lado
Llegaban de todas partes
De pronto las campanas de Saint-Merry se pusieron a sonar
El músico dejó de tocar y bebió en la fuente
Que está en la esquina de la calle Simon-le Franc
Luego calló Saint-Merry
El desconocido reanudó su aire de flauta
Y volviendo sobre sus pasos hasta la calle de la Verrerie
La tomó seguido por el tropel de las mujeres
Que salían de las casas
Que acudían por las calles transversales loca la mirada
Las manos tendidas hacia el melodioso raptor
Él se alejaba indiferente tocando su aire

Terriblemente se alejaba

Después en otra parte
A qué hora saldrá un tren hacia París

En ese momento
Los palomos de las Molucas ensuciaban nueces moscadas
Al mismo tiempo
Misión católica de Boma qué hiciste del escultor

En otro sitio
Ella cruza el puente que une Bonn a Beuel y desaparece en
    Pützchen

En el mismo instante
Una muchacha enamorada del alcalde
En otro barrio
Rivaliza poeta con los marbetes de los perfumistas

En suma oh reidores no habéis sacado gran cosa de los
    hombres
Apenas habéis extraído un poco de grasa de su miseria
Pero nosotros que morimos de vivir lejos el uno del otro
Tendemos los brazos y sobre esos rieles rueda un lento tren
    de carga

Tú llorabas sentada junto a mí en el fondo de un fiacre

Y ahora
Te me pareces por desdicha te me pareces
Nos parecemos como en la arquitectura del siglo pasado
Esas altas chimeneas semejantes a torres
Nos elevamos más ahora y ya no tocamos el suelo

Y mientras el mundo vivía y cambiaba

El cortejo de mujeres largo como un día sin pan
Por la calle de la Verrerie seguía al feliz músico

Cortejos oh cortejos
Cuando antaño partía el rey hacia Vincennes
O los embajadores llegaban a París
O corría hacia el Sena el enjuto Suger
O el motín se apagaba en torno a Saint-Merry

Cortejos oh cortejos
Tantas eran las mujeres que desbordaban
Sobre las calles vecinas
Y se apresuraban inflexibles como la bala
Para seguir al músico
Ah Ariadna y tú Pâquette y tú Amina

Y tú Mia y tú Simona y tú Mavisa
Y tú Colette y tú la bella Genoveva
Pasaron todas temblorosas y vanas
Sus ligeros y rápidos pasos seguían la cadencia
De la música pastoral que guiaba
Sus ávidas orejas

El desconocido se detuvo un instante frente a una casa
     en venta
Una casa abandonada
De vidrios rotos
Una construcción del siglo dieciséis
En el patio descargan los coches de entrega
Allí entró el músico
Su música al alejarse se volvió lánguida
Las mujeres lo siguieron a la casa abandonada
Todas entraron en bandada confusa
Todas todas entraron sin mirar hacia atrás
Sin lamentar lo que habían dejado
Lo que habían abandonado
Sin lamentar el día la vida la memoria
Pronto no quedó nadie en la calle de la Verrerie
Excepto yo y un sacerdote de Saint-Merry
Ambos entramos en la vieja casa
Pero no encontramos a nadie

Cae la noche
En Saint-Merry resuena el Ángelus
Cortejos oh cortejos
Como antaño cuando el rey volvía de Vincennes
Llegaron en tropel vendedores de gorras
Llegaron vendedores de bananas
Llegaron soldados de la guardia republicana
Oh noche
Rebaño de lánguidas miradas de mujeres
Oh noche
Tú mi dolor mi vana espera
Oigo morir el son de una flauta lejana


 

Un Fantasma De Nubes

 

Como era la víspera del catorce de julio
Hacia las cuatro de la tarde
Bajé a la calle para ver a los saltimbanquis

Esa gente que hace suertes al aire libre
Empieza a ser escasa en París
En mi juventud eran tanto más numerosos
Casi todos se han marchado a provincia

Tomé el bulevar Saint-Germain
Y en una placita situada entre Saint-Germain-des-Prés
y la estatua de Danton
Di con los saltimbanquis

La muchedumbre los rodeaba muda y resignada a esperar
Me abrí lugar en aquel círculo para verlo todo
Pesos formidables
Ciudades de Bélgica alzadas a pulso por un obrero
     ruso de Longwy
Pesas negras y vacías que tienen por barra un río congelado
Dedos que enrollan un cigarrillo amargo y delicioso como
    la vida

Numerosas alfombras sucias cubren el suelo
Alfombras con pliegues indelebles
Alfombras que ya son casi color de polvo
Y en las que algunas manchas verdes o amarillas
Persisten como una tonada que nos persiguiera

Imagina al personaje huraño y flaco
La ceniza de sus padres le brotaba como barba entrecana
Así mostraba toda su herencia en el rostro
Parecía soñar con el futuro
Mientras maquinalmente tocaba el organillo
Cuya lenta voz era un lamento maravilloso
Gluglús gallos y gemidos sordos

No se movían los saltimbanquis
El más viejo llevaba unas mallas de ese oro violáceo
que tiñe las mejillas de ciertas muchachas aunque
frescas ya cerca de la muerte
Ese rosa anida en los pliegues que a menudo rodean
     sus bocas
O cerca de las narices
Es el rosa de la traición

Aquel hombre llevaba así a cuestas
El innoble color de sus pulmones

Brazos brazos por todas partes vigilantes

El segundo saltimbanqui
Sólo iba vestido de su sombra
Lo miré largamente
Pero su rostro se me escapa
Es un hombre sin cabeza

Otro más tenía todo el aire de un granuja
De un apache en que se aunaran bondad y crápula
Con sus pantalones bombachos y sus calcetines con ligas
No recordaba acaso al alcahuete a medio ataviarse

Cesó la música y hubo negociaciones con el público
Céntimo a céntimo fue arrojada la suma de dos francos
     cincuenta sobre la alfombra
En vez de los tres francos que el viejo había fijado      
como precio de los números

En cuanto estuvo claro que nadie daba más
Se decidió empezar con la función
De debajo del organillo salió un saltimbanqui diminuto
    vestido de rosa pulmonar
Con pieles en tobillos y muñecas
Lanzaba gritos cortos
Y saludaba apartando amablemente los brazos
Con las manos abiertas

Con una pierna hacia atrás preparada para la genuflexión
Saludó hacia los cuatro puntos cardinales
Y cuando caminó sobre una bola
Su cuerpo esbelto se transformó en música tan delicada
    que no hubo espectador a ella insensible
Un duendecillo sin ninguna humanidad
Pensó cada cual
Aquella música de las formas
Borraba la del organillo
Tocada por el hombre del rostro cubierto de antepasados

El pequeño saltambanqui se pavoneaba
Tan armoniosamente
Que el organillo cesó de tocar
Y el organillero escondió el rostro entre las manos
Sus dedos se parecían a los descendientes de su destino
Fetos minúsculos que le salían de la barba
Nuevos gritos de pielroja
Música angélica de los árboles
Desaparición del niño
Los saltimbanquis levantaron a pulso las pesas
En juegos malabares

Pero cada espectador buscaba ya en sí mismo al niño
     milagroso
Siglo oh siglo de las nubes

 


La gracia desterrada

 

Ya vete vete mi arco iris
Con tus colores adorables
Un necesario exilio pides
Niña de velos inconstantes

Al arco iris se destierra
Si se destierra a quien lo irisa
Pero volando una bandera
Toma tu sitio por la brisa


Los fuegos Del vivac

 

Formas soñadas alumbra
El vivac con móvil fuego
Y almocárabes de ramas
Trepa lentamente el sueño

Desdeñó el remodimiento
Con la carne viva en llamas
El recuerdo y el secreto
Adormecidos en brasas


Torbellino De Moscas

 

Va por el llano un jinete
Lo recuerda una muchacha
Y esa flota en Mitilene
Aún reluce la alambrada

Le florecieron los ojos
Al cortar la ardiente rosa
Y qué sol la boca errante
Si sonríe la otra boca


El futuro

 

Levanta la paja
Y mira la nieve
Escribe tus cartas
Recibe tus órdenes

Fumando una pipa
Piensa en el amor
Hay aquí gaviones
Contempla la rosa

Aún mana la fuente
Y hay oro en el heno
Observa a la abeja
Olvida el futuro

Mírate las manos
Porque son la nieve
La rosa y la abeja
También el futuro

(Caligramas)