De Educación de la línea (2007)

 

Y se hizo la línea para acogerse al mando del trajín de las cosas móviles e inmóviles

Cuando la línea está de ida libera su acontecer. Se conoce por su grosor que reduce cuando está de vuelta, allegada a mi mano.
Aeníl se llama el revés de la línea, representa el regreso del movimiento ciego de la luz.
Línea se parece a liana aunque es lo mismo porque crecen sin mirar a quien.
Línea duele, línea enferma, la línea degrada el mar revuelto del laberinto.
Sube la línea y es el horizonte, baja la línea y es el eje mortal del Universo.
Sube oblicua, cae, extiende el impulso, regresa, inclina el extremo, crece vertical, goza el aire fresco, envidia al horizonte, imita a una colina, desciende al pozo, la agota la humedad, a oscuras una isla desconocida, inexistente, es la línea que un día despertó con el alma exploradora.
HABLA LA LÍNEA: en mi calidad de línea que alguna vez fue palabra manuscrita se me hizo fácil imitar
una flauta, ensarté sucesivos anillos, anillos con dedales, me hice aplastar en el principio la boquilla y me puse a la corriente del aire que alguien soplaba y a sus dedos que gesticulaban. La música no se oyó porque corría de un extremo a otro de mi posición transversa. Fue una fantasía porque sigo trazada en el aire de un silbido.
Implicada con la soledad la línea viaja para cortar el terso cordón del pensamiento.
Hay una línea invisible en la que el sagrado equilibrista nos observa.
Ondulando, las líneas de la frente marcan la edad que rodean los ojos con estrías del pleito con los años.
Quebrada la línea duda entre subir o caer, avanzar o retroceder, allanarse o despuntar. El pintor la suaviza con furia sensual.
A la hermosura la sostiene la alabanza de una línea vertical que disuelve el amor.

Colgada
queda
la línea
en el
v a c í o
alguien se quitó la vida.