De Rostros de ese reino (2007)



[Como un rumor...]
Auto / retrato a líneas de San Juan de la Cruz



 


 

Como un rumor
ardiente
la mano del milagro
agita la
mansedumbre
del aire.
 
Sólo tres dedos
surcan
la imagen
de la cruz
en vuelo.
Uno repinta
el agua
del borde
de la noche-
otro, cordial,
rasga
el lamento
del pecho
apagado-
y el tercero,
sana al pecador
con un guiño
del ángel
altísimo.

 

 

Los tres dedos
andantes
son la araña
invisible
que Dios el hombre
ignora
si es para urdir
el fuego
opone luz
donde lo oscuro
es una rosa
negra.

 

No necesitaba el Magnífico ajustarse las mangas de la túnica para bendecir y salvar de los daños al alma, a los que clamaban al cielo. Le era suficiente reunir sus dedos pulgar, índice y medio en un gesto recogido y elevar su piedad al Padre. En la elevación de sus gestos emitía gemidos roncos y ahogados como de agonía y éxtasis doloroso. En sus manos el mudra se llenaba de hilachos de miseria como enredadera marchita.

 

 


 

Auto / retrato a líneas
de San Juan de la Cruz

 

Desde tu dedo, Señor, una línea redonda orla mi cabeza y llega a mí una frente ondulada en dos y en tres como una perfecta revelación, la penitencia. En mi tez de alteza trigueña, una línea de ancho fulgor contorna minuciosa la santidad. Otra, calza la nariz dándole curva ansiosa de águila que atada a las oriclas asevera las arcadas cejas. Trazos duetos emparentan los pómulos hundidos. Y los ojos surcando una línea horizontal, la mirada se extiende suave y cariciosa. De donde una espiral recoge los labios de la boca desprendida de palabras en una noche oscura, con ansias en amores inflamada. Perfiles bordando gris se acentúan en torno del mentón y afinan la señal peregrina, sin cabello, de la cenital tonsura. Las líneas colgantes mellan la pobreza remendada de los hábitos en vuelo espiritual. Tu dedo cordial unido al índice y al menor contiguo alumbra —canto vigilante— la vera efigie de la poesía.