Centaura

(homenaje a Camille Claudel)



Cabalgué los siglos necesarios para llegar al otro extremo de la planicie. Fue noche de fulgores: como sangre se deslizaron por las venas. El tiempo era rectangular, y quise agotarlo; pero no había extremo en esa tierra milenaria, no hubo más que galope y un desenfrenado deseo por recorrerlo todo. En la llanura me acoplé al macho, mi torso giraba sobre él, mi talle tan ágil quería ser ala. El corcel, con sus músculos crispados, resistió para que yo no avanzara, y la tierra junta cedió al hundimiento de sus patas. Sentí capas y capas de arcilla que me cegaron a mitad del mundo. Entonces fui retoño entre la piedra.