Memorial de las caballerías


       Caballos que nadie reconoce

Un caballo que ha descubierto el cántico del azar
y a veces agoniza en los brazos de su madre.
El que vuela o canta como un pájaro entre las nubes.
El que desaparece en su galope
hacia el abismo del tablero de ajedrez,
como si la guerra no hubiera terminado.
El que descubre, con alegría,
que cada noche es una metáfora
por donde avanzan las yeguasen su espiral inmóvil.
El que acaricia a una piedra sobre el polvo.
El que se burla de sí mismo en la tierra de nadie.
El que huye en medio de la música.
El que piensa en su destino y suspicaz, insomne,
prefiere que los otros disfruten del paisaje
y tengan al fin la razón.

Estos caballos que nadie reconoce están salvando el mundo.


       La transfiguración de los caballos

Al amanecer veo cuatro grupos de caballos
que galopan desde las cuatro esquinas del mundo.

Sobre el centro de la Tierra estamos esperándolos.

Al anochecer vimos cuatro grupos de abuelos
que galopaban desde las cuatro esquinas del mundo.

Sobre el centro de la Tierra estamos esperándolos.

Al amanecer vimos cómo los caballos
se transfiguraban en nuestro abuelos.

Sobre el centro de la Tierra estamos esperándolos.

Al anochecer veo que nuestros abuelos cantan
como si fueran los abuelos de todo el mundo.

Sobre el centro de la Tierra soy el último caballo
que sonríe sin atreverse a decir una palabra,
mientras seguimos esperándolos en el centro de la Tierra.