Juan Gelman



Selección y nota introductoria de Marco Antonio Campos



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Nota introductoria1

Juan Gelman nació en Buenos Aires en 1930. Militó en el Partido Comunista Argentino y en la organización guerrillera Montoneros. Conoció un duro exilio de 1975 a 1988. Vive desde hace cinco años en la ciudad de México.2 La obra poética de Gelman es vasta y algunos temas frecuentes en su obra son el amor, las admiraciones literarias, la muerte, el exilio, los recuerdos y la derrota de la lucha guerrillera, la ciudad de Buenos Aires y la patria perdida. Algunos de sus libros centrales son: Los poemas de Sidney West, Bajo la lluvia ajena (notas al pie de una derrota), Hacia el sur, Citas y comentarios, Anunciaciones y Salarios del impío.

En los años cincuenta y sesenta en los poemas de Gelman hay una ligereza, un verso que alea y aletea, lleno de gracia y destellos, de optimismo y primavera porteña. Está próximo el cuerpo de la mujer, llámese Ofelia o Daniela Roca y el país y el mundo son imaginables como un castillo para construirse con las piedras de luz del sueño y la utopía, de la libertad y la fraternidad, aunque también, entre las “bellas compañías”, un afectuoso buitre trabaje a veces prometeicamente las entrañas. Ofelia parecía entonces “un olvido después de la ternura” y Daniela Roca era “llena de gracia como Santa María”.

Cuando Rimbaud redacta “El barco ebrio” no conocía el mar; sin embargo, al leer el poema, creemos estar sintiéndolo todo el tiempo. Algo semejante ocurre con uno de los libros más singulares de Gelman: Los poemas de Sidney West. Es uno de los libros raros de la poesía latinoamericana como Trilce, En la másmédula, Tarumba y Estravagario. Gelman no conocía en ese entonces los Estados Unidos y nosotros creemos al leer el libro que los conocía muy bien. Los nombres de los personajes y sitios nos parecen tan familiares, tan bien puestos allí, que dan ganas de saludarlos y conversar con ellos en la calle o invitarlos a tomar una copa en la taberna de la esquina, llámense Gallagher Bentham o Cab Cunningham o Bob Chambers o Helen Carmody o Sammy McCoy, y vivan en Alabama, Melody Spring o Pickapoon. Un mundo como de Viejo Oeste para el señor Oeste llamado Sidney, donde el lector disfruta con el bello absurdo y el juego en serio, con la ternura letal y la muerte espléndida. Los retratos son entre trágicos y caricaturescos, y en los cuales, por caso, un hombre de sexo potente puede ser sobrevivido —inmortalizado— por el tábano real, y otro enamorarse de una tórtola a quien le deja los ojos al morir, y otro tener un ciruelo el cual riega con lágrimas secas, y otro tener una mujer que en vez de darle hijos le da palos...


Es un libro con ligereza y gracia, con una ironía tan sutil que el lector puede engañarse viendo el brillo de la navaja pero no el filo. Gelman hizo un libro raro y encantador y no quiso, y qué bueno, repetir la fórmula en posteriores libros.


Muchos han visto a Gelman en el costado comprometido. Es eso y mucho más que eso. Como en Neruda y Vallejo, o en poetas nuestros como Huerta, Bañuelos y Oliva, sin la política no se explica la obra, pero no es la obra. Quizá Neruda exageraba cuando decía que debía pasarse por toda la poesía antes de entrar a la lírica política, pero sí creo que en esta suerte de poesía, como en la épica, es necesaria una madurez mínima, en donde emoción, convicción y conocimiento se unan para que el poema no termine en el panfleto musicalizado, o en el puro grito de fuego contra el burgués o el dictador, o en la fácil retórica de exaltación a los pobres. ¿Cómo se explican entonces libros como España en el corazón o España aparta de mí este cáliz, sino desde la experiencia y la emoción más auténticas? España fue para Neruda el cuchillo de luz que le dejó la conciencia llagada y fue para Vallejo la última caída en su lento calvario. En Gelman la emoción política nace de la más directa experiencia personal, producto de su militancia partidista y guerrillera, siendo tres los motivos que le abren en cruz el corazón: el exilio amargo, la muerte de los compañeros y la derrota final.


Partamos de hechos concretos: las circunstancias políticas de la Argentina a fines de la década de los sesenta lo orillan a incorporarse a la organización guerrillera urbana Montoneros, la cual combatió, primero, a la dictadura del general Lanusse, luego al gobierno de Isabel Perón, y desde marzo del 1976, a la Junta Militar que dio el golpe. Poco antes de esto, en 1975, ante las amenazas de los escuadrones paramilitares de la Triple A, que fundara y organizara el entonces ministro de Bienestar Social de Isabel Perón, José López Rega, Gelman tuvo que exiliarse en Italia. Pronto el autoexilio se volvió exilio forzoso desde el ascenso de los militares. En agosto de 1976 secuestran a su hijo y a su nuera, la cual estaba encinta de siete meses. Por un tiempo los mantienen detenidos y luego los ejecutan. Más de diez años después Gelman pudo reconstruir, más o menos en sus pormenores, los detalles y la cronología del crimen.3 Todavía en 1980, cuando escribe en Roma uno de sus más lúcidos, amargos y dolorosos libros, Bajo la lluvia ajena (notas al pie de una derrota), ignora su destino y prefiere pensarlos presos o desaparecidos. Lo mismo cuando evoca, entre otros, a compañeros como Haroldo (Conti) y Rodolfo (Walsh), quienes ya habían muerto cuatro y tres años antes respectivamente. Conti y Walsh, como los miles de detenidos-desaparecidos en los años del Proceso (1976-1983), pasaron por el espantoso ciclo de la ignominia: detención, negación de la personalidad, tortura sistemática, ejecución y desaparición del cuerpo. La propaganda militar, entre tanto, divulgaba que habían perecido en enfrentamientos entre sí o que vivían en el exterior. Era el terror concertado y planificado. Argentina se volvió entonces el mayor campo de concentración del continente, más aún que sus vecinos Chile, Paraguay, Uruguay y Brasil, cuyos gobiernos militares eran todos aliados y cómplices en la operación del exterminio. Era la “noche sudamericana”. Todavía cuando Gelman escribe este libro en 1980, la Argentina —él— es el edén perdido. “Te amo, patria, y me amas. En ese amor quemamos imperfecciones, vidas.”


Lo acompañan entonces dos dramas apenas soportables: el exilio y la derrota. La conciencia del exilio es horrible: “Los exiliados son los inquilinos de la soledad”. En el exilio “los muertos y los odios se amontonan” y el exiliado llega incluso a negar al país y a los habitantes del país que lo acogen. Es un tiempo para cuidarse de no volverse loco ni volverse otro y donde el presente cruel hace “tajos el pasado”. Y de pronto la llaga y no la boca grita: “No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza. La gente queda dolorida, la tierra queda dolorida”. ¿Dónde están la casa, el barrio, la ciudad y el país? ¿Dónde están los compañeros? ¿Qué se hicieron? ¿Qué fue del Paco Urondo, de Rodolfo Walsh y de Haroldo Conti? ¿Qué fue del Jote y de Lino y del Dardo y de la Diana y del Ronco y de Miguel Ángel? ¿Qué fue de ellos? “El claro día de justicia”, esperado o soñado por Walsh, fue en la Argentina el triunfo del chacal que organizó un paraíso cobarde de horror y de desprecio. El pasado existió en otro tiempo difícilmente imaginable. En ese pasado todavía era posible que la gente llegase a morir de muerte natural. Caín no había vuelto al país, o si estaba, no había sistematizado sus crímenes. En este libro (Bajo la lluvia ajena) como en Hacia el sur y en Citas y comentarios, con lucidez desgarrada, con emoción y dolor, Gelman va recogiendo las hojas rotas y la hojarasca de los años. Los heterónimos, tan caros y múltiples en él (quizá por eso su admiración honda por Fernando Pessoa), regresan entonces pero ya no es el juego ni el invento: es una forma de que los simbólicos compañeros, por ejemplo Julio Greco y José Galván, se reconozcan en los compañeros reales caídos y perduren en la poesía.


Mientras el calendario de los años ochenta se rompe, Gelman sabe ya que las ilusiones del cambio y la esperanza de una sociedad justa y humana en la Argentina se han perdido. Es la hora de la derrota. Es la dolorosa conciencia de la derrota. Es la hora de irse con el corazón y los muertos a otra parte. Se perdieron las vidas de los compañeros, se marchitó la hierba del jardín del sueño y la utopía. Es hora de llevarse los sueños a otra parte. Ese país, Argentina, esa patria que está en la tierra, respira como puede. El cielo del país quedó “agujereado”. “Vámonos con la perra a otra parte/ no tenemos derecho a molestar/ nuestro solo derecho es empezar otra vez/ bajo la luz del sol sereno.” Dejemos esta línea como bello y triste epitafio: “antigua es la piedra donde espera sentada la esperanza”.


No se tiene ni siquiera la consolación de Dios. El ateo Gelman descubre en los textos de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz, no la revelación de lo divino, sino lecturas de su propia tragedia y de la tragedia argentina. Poemas que son a la vez oración sin nadie y exégesis original. El alma divina se revela, o mejor, se integra en el alma de todos los caídos y el alma del ateo Gelman se integra cristianamente a esas almas con piedad y por piedad. Entre las varias pérdidas del poeta hay una más que lo hace escribir uno de sus más dulces y melancólicos libros: Carta a mi madre.


A fines de los años ochenta y principios de los noventa el sentimiento de la pérdida se ha vuelto conciencia de la pérdida. Si la Argentina como país de inmigrantes es en buena medida una ausencia de país, para Gelman se vuelve la pérdida de la ausencia de país. Un país que se perdió en el invento o en el “no fue”, como leemos en su último libro, Salarios del impío. El retorno al país natal, a la ciudad natal, al color del sur, al barrio donde se creció y vivió, es ilusión. Todo eso quedó en abierta oscuridad. Pero se buscaron y se hallaron salidas. Permanecen y duran la poesía, el amor a la mujer, el amor a los semejantes, la amistad clara. Nuestra patria, nos dice o sugiere Gelman, es ahora el planeta entero y nuestros hermanos todos los hombres. El compañero mundo.


Marco Antonio Campos

México, D.F., febrero 1994


1 En esta selección sólo incluimos poemas relacionados con la guerrilla, el exilio y la patria.

2 Esta nota introductoria data de 1994, fecha en la que se publicó la primera edición del Material de Lectura. (N. del E.)

3 Antes de ser ejecutada, la nuera de Gelman dio a luz a una niña en Montevideo, quien fue adoptada por un policía y su esposa. En el 2000, esa niña fue localizada y pudo reunirse con su abuelo. (N. del E.)



De Relaciones (1972)
 


Cartas
 

entre tus brazos y mis brazos ¿es como si hubiese una
tela de fuerzas contrarias perros célebres vientos una tela
    de amor donde
alguien avisa que las bestias estaban en algún lugar
    de la oscuridad
coceando sombras coceando impacientes o como ciegas

o ciegas de verdad o sin ojos? ¿o una tela
donde la camarada escribe “el día 20 de abril a las 20:05
    nació
el chiquito que esperé cuidé defendí tanto tiempo contra”
    escribe
contra la oscuridad que está en algún lugar de las bestias
    contra

la oscura bestia la picana los golpes el vientre donde él
“que defendí tanto tiempo” escribe “con la colaboración de
    todas
ustedes mis compañeras y amigas” escribe y cuando el
    día 24 (lunes)
lo acostó por la noche y lo pasó a su cunita

“sus ojitos no se abrían ni lo harían jamás” escribe
actalectasia pulmonar hemorragias dijeron los médicos “los
golpes la picana la violación la cárcel de su madre” escribe
el niño “fue testigo y mártir de la causa y héroe” escribe?
    ¿o una tela de amor

donde tanto dolor ya durmió bastante y quiere
saber dónde están los caballos? ¿o demasiado
hemos hecho esperar a los ángeles? ¿hay
una lamparita que hizo esperar demasiado a los ángeles una
    lamparita humana suave?

¿hay caballos para derrotar al enemigo? el que vivió cuatro
    días ¿no es
un caballo para derrotar al enemigo? ¿no convirtió sus
manitas en un caballo para derrotar al enemigo? ¿no está
galopando o corriendo ahora entre tus brazos y mis brazos
    amada?

¿no está acaso corriendo o galopando entre tus brazos
    y mis brazos ahora?
¿así tiemblan nuestros amores nuestras dichas?
¡oh noche que todo lo cubrís!
¿así chirrían los goznes oxidados de nuestra gracia?




Abrigos
 

¿como los muertos que josé veía/yendo viniendo por el aire?
    ¿solos?
¿muertos? ¿su carita de plata convirtiéndose/en azucena
    pura o rota?
¿sin reír sin llorar/volando apenas por el aire?/¿hasta que
    hagamos el poder? ¿hasta que bajen ya que hagamos
nosotros el poder? ¿cara de plata abierta a flor a nube?
    ¿cara de marcos como viaje/

carita de manuel cantando bajo la lámina del sol?/¿cara que
    habría de cantar/abrigo/
sangre que abriga bajo el sol? ¿alguno tiembla bajo el sol?/
    alguno
tiembla debajo del sol ¿plantas que crecen del temblor?/
    ¿plantitas
que volarán yendo viniendo? oh muertos

que digo/aire que son/huesito o patria/resplandor/¿caballos
    andan por su ser? ¿anchos
perros caballos del viento? ¿compañeros del sur ya suaves/
    dulces/
ya suaves pérdidas del ser?/¿ya sur o sangre o sitio de
    poner?
¿sitio que brilla como miel como cabeça diante
    de toda gente o resplandor?

¿quién canta o vuela en medio/entre la gente y la calor?
¿marcos manuel volando entre la gente y la calor? ¿quién
    lleva gente a calor/patria dulce
yendo viniendo por el aire?/¿gente que hace la calor?/¿ya
    gente
que hizo a marcos cantando? ¿manuel del sol/abrigo?



De Hechos (1980)
 


Descansos
 

¿bajo qué árbol/sobre qué árbol/alrededor
de qué árbol/francisco urondo asoma/o es
el resplandor violeta de algún vientre de tigre
rugiendo en mi país?/¿estás paquito ahí o

en el temblor de esta mano que piensa
en todos tus haberes/pasión o dignidad?/
¿brillas en la mañana cantora/andás
en la sonrisa estruendo pólvora

que atacan cada día al enemigo? ¿volvieron
feroz a la alegría que caía de vos? ¿corajes
nacen de esa alegría? ¿o casa de que parten
los compañeros a luchar?/¿calor en medio de la noche?
    ¿lámpara

en mitad de la dura amargura?/¿avisaste
que te ibas a morir?/¿a caer mejor dicho alzándote
como lámpara en medio de la noche?/¿y a quién
dijiste que ibas a caer?/¿al viento al pulso al animal del
    pulso?/¿acaso

querías caer?/¿no me ibas a esperar acaso/no
esperábamos juntos la tormenta mejor/la borracha violeta/
    tigre/orilla
de que partías a luchar?/oh dulce
fuera tu muerte/combatiente que vieron

transportar la dulzura del mundo/rostro
desenvainado como
espada o fe/cucharita
revolviendo las sombras/¿te acordás

de la vida?/te acordás de la vida
desparramado otoño suave/caen
verbos de vos/balazos/tigres/lámparas/
partidas vientres cucharitas en mitad de la noche/mitad

pudriéndose en la patria/dándole
aroma resplandor/descansá en guerra/¿descansan
tus huesitos?/¿en guerra?/
¿en paz?/¿agüita?/¿nunca?



De Bajo la lluvia ajena (1980)
(Notas al pie de una derrota)


I
 

Es difícil reconstruir lo que pasó, la verdad de la memoria lucha contra la memoria de la verdad. Han pasado años, los muertos y los odios se amontonan, el exilio es una vaca que puede dar leche envenenada, al menos algunos parecen alimentados así.

En la colonia exiliar argentina predomina la apatía política y de otro tipo. Se trabaja o no, se estudia o no, se aprende el idioma del país en que se está o no, se reconstruye la vida o no. Las mujeres pasan como ríos, se las quiere o no, se las conserva o no.

La necesidad de autodestruirse y la necesidad de sobrevivir pelean entre sí como dos hermanos vueltos locos. Guardamos la ropita en el ropero, pero no hemos deshecho las valijas del alma. Pasa el tiempo y la manera de negar el destierro es negar el país donde se está, negar a su gente, su idioma, rechazarlos como testigos concretos de una mutilación: la tierra nuestra está lejana, qué saben estos gringos de sus voces, sus pájaros, sus duelos, sus tormentas.

Son muy distintos a nosotros. No se preocupan verdaderamente de nosotros. No sufren la injusticia que nos pasó a nosotros. Los más solidarios tienen como vergüenza por nosotros. Es un problema de ellos, pero nos afecta a nosotros. Como si el diálogo entre extranjeros sobre algo aparentemente comprensible —el dolor de los unos— viniera envuelto por parte de los otros en pudores, candores, paternalismos, usos.

No nos vamos a poner de acuerdo nunca. Y seremos muchas veces injustos, tomando la humildad por soberbia, la reserva por falta de compromiso, la voluntad de no herir por la voluntad de no saber.

Así estamos de enfermos. Buscaremos compromisos con el Museo del Prado, con Santa María Maggiore, la Place de la Contrescarpe, el Paseo de la Reforma, las escaleras mecánicas de Caracas, el Hyde Park de Londres. Son compromisos de idiota y duran una idiotez. La maravilla pasa, el dolor queda. Como el fuego del alma, queda.

Queda.

¿Acaso el cielo no es el mismo? El cielo no es el mismo. ¿Dónde estará la Cruz del Sur sino en el sur? ¿No es el mismo sol? No: ¿acaso ilumina a Buenos Aires? Lo hace horas después, cuando yo ya no estoy. Color de cielo otro, lluvia ajena, luz que mi infancia no conoce.

Las voces del rocío se parecen a las voces del rocío. Una pequeña lengua lame y las diferencias, las distancia. Mi rocío del sur o cabellera o cristalina madrugada sobre los pechos del combate. No rocía lo mismo sobre el Mercado Común Europeo, el más común de los mercados.

Todos los hombres son humanos y lo que cabe en mí, debería caber en los demás. Y viceversa, porque todos los hombres son humanos. Quepámonos, humanos. Que quepa en mí el extraño mundo alrededor, sus egoísmos justificados, su decencia a parquímetro, su honradez de consumo, su fino individualismo brutal, su amor triste, la suciedad de sus higienes. Apenas tengo de ofrecerle los rayos de luz que iluminaban el combate por la dicha, las generosidades de la muerte, es decir, de la vida, los estallidos de la dicha, esta derrota por ahora.

Revolvamos la tierra con las manitas juntas. A lo mejor crece una planta de dos rostros, que necesita agua de los dos, y mira dos distancias a partir de la misma soledad. Así estaremos juntos, verdaderamente. 

 

roma / 9-5-80

 

III
 

Yo no me voy a avergonzar de mis tristezas, mis nostalgias. Extraño la callecita donde mataron a mi perro, y yo lloré junto a su muerte, y estoy pegado al empedrado con sangre donde mi perro se murió, existo todavía a partir de eso, existo de eso, soy eso, a nadie pediré permiso para tener nostalgia de eso.

¿Acaso soy otra cosa? Vinieron dictaduras militares, gobiernos civiles y nuevas dictaduras militares, me quitaron los libros, el pan, el hijo, desesperaron a mi madre, me echaron del país, asesinaron a mis hermanitos, a mis compañeros los torturaron, deshicieron, los rompieron. Ninguno me sacó de la calle donde estoy llorando al lado de mi perro. ¿Qué dictadura militar podría hacerlo? ¿Y qué militar hijo de puta me sacará del gran amor de esos crepúsculos de mayo, donde la ave del ser se balancea ante la noche?

No era perfecto mi país antes del golpe militar. Pero era mi estar, las veces que temblé contra los muros del amor, las veces que fui niño, perro, hombre, las veces que quise, me quisieron. Ningún general le va a sacar nada de eso al país, a la derrita que regué con amor, poco o mucho, tierra que extraño y que me extraña, tierra que nada militar podrá enturbiarme o enturbiar.

Es justo que la extrañe. Porque siempre nos quisimos así: ella pidiendo más de mí, yo de ella, dolidos ambos del dolor que el uno al otro hacía, y fuertes del amor que nos tenemos.

Te amo, patria y me amas. En ese amor quemamos imperfecciones, vidas.

 

roma / 9-5-80



XVI

No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza. La gente queda dolorida, la tierra queda dolorida.

Nacemos y nos cortan el cordón umbilical. Nos destierran y nadie nos corta la memoria, la lengua, las calores. Tenemos que aprender a vivir como el clavel del aire, propiamente del aire.

Soy una planta monstruosa. Mis raíces están a miles de kilómetros de mí y no nos ata un tallo, nos separan dos mares y un océano. El sol me mira cuando ellas respiran en la noche, duelen de noche bajo el sol.
 

roma / 14-5-80



XVII

Amo esta tierra ajena por lo que me da, por lo que no me da.

Porque mi tierra es única. No es la mejor, es única. Y los ajenos la respetan sin querer, siendo ellos, siendo de otra manera, bellos de otra manera.

En sus bellezas me conmuevo. Nada tengo que ver con su manera de llegar a la belleza.

Esto es hermoso: dándome su belleza, me dan también la ajenidad de la belleza. La injusticia, el dolor, el sufrimiento, se interponen casi siempre.

Salú, belleza. Somos pedazos del viaje universal, diferentes, contrarios, las mismas olas nos arrastran.

Iremos a parar a cualquier playa. Vamos a hacer un fueguito contra el frío y el hambre.

Vamos a arder bajo la misma noche.

Vamos a vernos, ver.

 

roma / 16-5-80



XIX

Volví clandestinamente a Buenos Aires en mayo de 1978. Estaba bella la ciudad.

Mejor dicho, bellísima bajo esos días de mayo en que el otoño porteño admite un fuego, una calor de primavera muriendo o por nacer, nunca se sabe.

Me habían aconsejado que no caminara por el centro, que no frecuentara los sitios que solía frecuentar. Naturalmente: caminé por el centro, por los sitios que solía caminar. ¿Quién me iba a reconocer?

¿No estaba muerto Paco? ¿No habían secuestrado a Rodolfo y a Haroldo? ¿No habían matado al Jote, al Lino, a Josefina, a Dardo, a la Diana, tal vez? El restorán donde mi hijo escribió un poema sobre el mantel de estraza, este poema:

 

La oveja negra
pace en el campo negro
sobre la nieve negra
bajo la noche negra
junto a la ciudad negra
donde lloro vestido de rojo

 

el restorán estaba abierto, pero a mi hijo lo habían secuestrado dos años atrás y nunca supe de su suerte. Su mujer estaba encinta de siete meses cuando la secuestraron con él.

Leí los diarios de la época. En “La Opinión” —donde alguna vez trabajé, que alguna vez fundé—, un compañero intelectual de la izquierda (ex compañero o ex izquierda) sumaba su vocecita paga a la propaganda de la dictadura militar. El diario era de los militares para entonces, el ex compañero o ex izquierda también.

Hago esfuerzos y no alcanzo a recordar su nombre. Era cuentista, o algo así, como su mujer, que se cagaba en Rosa Luxemburgo desde posiciones de izquierda. Tenía un ano de izquierda que no le habrá impedido evacuar la pitanza militar.

 

roma / 20-5-80




XXVI

En realidad lo que me duele es la derrota.

Los exiliados son inquilinos de la soledad. Pueden corregir su memoria, traicionar, descreer, conciliar, morir, triunfar. En este último caso, se miraron la cara como si fuese suya: estaba llena de traidores, descreídos, conciliadores, muertos, y también de compañeros que murieron con fe y arden bajo la noche y repiten sus nombres y no dejan dormir.

Nadie te deja dormir para que veas las distancias.

Crujís de huesos, vos.

Así sea.

 

roma / 9-12-80



De Hacia el sur (1982)
 


Otras partes
 

¿oíste / corazón? / nos vamos
con la derrota a otra parte /
con este animal a otra parte /
los muertos a otra parte /

que no hagan ruido / callados como están / ni
se oiga el silencio de sus huesos /
sus huesos son animalitos de ojos azules /
se sientan mansos a la mesa /

rozan dolores sin querer /
no dicen una sola palabra de sus balazos /
tienen una estrella de oro y una luna en la boca /
aparecen en la boca de los que amaron /

pasan noticias de sus sueños /
arrastran sus lágrimas con un pañuelito detrás como
    barriendo el padecer /
como no queriendo mojarlo /
para que el padecer estalle y arda y haga asiento donde
    sentarse a pensar otra vez /

nos vamos / corazón / a otra parte /
hace mal que no podás sacar los pies de la tristeza /
aunque es tristeza que besa la mano que empuñó el fusil y
    triunfó /
y tiene corazón y guarda en su corazón una mujer y un
    hombre pasando como tigres por el cielo del sur /

una mujer y un hombre como tigres enjaulados
    en la memoria del sur /
besando hijitos que nunca más van a crecer /
compañeros que nunca más van a crecer y ahora cosen
la tierra al aire / cosen

tu corazón / corazón / sus animales /
una mujer y un hombre
caminando por el cielo del tigre
como tigre que canta /

vámonos con esta perra a otra parte /
no tenemos derecho a molestar /
nuestro solo derecho es empezar otra vez
bajo la luz del sol sereno /

los límites del cielo cambiaron /
ahora están llenos de cuerpos que se abrazan
y dan abrigo y consolación y tristeza
con una estrella de oro y una luna en la boca /

con un animal en la boca mirando el centellear
de los compañeritos que sembraron corazón
y levantan su corazón ardiente
como un pueblo de besos /

 

Vuelos
 

¿qué es este vuelo entre la vida y su ser? /
¿este temblor como un sombrero gris? /
¿este cielo que se abre como fierro
candente en su batalla

o punto de morir? / ¿para qué
te trabajamos / cielo / llenamos
tus vestidos de todo lo que crece? /
vos esperas la muerte / yo espero la victoria /
alguien ha puesto hermosura en mi corazón /
alguien movió mi dolor /
arriba / abajo / después / antes / alguien
rodeó mi corazón de hermosura /

si la hermosura cantara en la noche /
la noche tendida sobre mi corazón /
mi corazón tendido en el país /
envuelto en la hermosura que arde /

abre sus brazos contra la desgracia
como las dos caricias del pecho de diana /
pecho que gira en mi país /
país que gira como pecho en la noche /

un otoño que viene los compañeros volarán /
consolarán a Dios / tan triste /
crecerán como vieja pasión /
diana será dos soles en la dicha del sur /

 

Otro tango
 

el monstruo de la razón engendra sueños / dijo /
hundió sus manos en la noche y las dejó acostaditas /
su voz adolescente
tenía ojeras donde empezaba el sueño /

cayó en combate un día de estos tiempos /
ese día las mujeres se enojaron con Dios /
con los pechos furiosos golpeaban contra los aujeritos
por donde julio se estaba yendo de aquí /

no para irse / abandonar /
sino porque sucede que hay que irse /
muchas veces pasa eso /
hermanas / manos / hay que irse / chan-chán /

algunos cuidan madres amargas en el patio /
otros pierden la voz /
otros duermen con camisas de fuego /
ese día las mujeres golpeaban con los pechos furiosos /

¿por qué tenías que morir? /
¿acaso la dulzura no te seguía como un buey? /
tenías una ventana en el pecho /
tu almita calentaba como un fuego pero él se murió /

también el jorge se murió y ninguna tibieza lo rodeaba /
¿dónde estabas / vos / mundo / o cierva / o astro que
brillás entre el trabajo y la lucha? / julio cayó con un sol
    en el cuerpo /
alrededor giran mujeres / pechan / furian / chan-chán /

vamos a hacer una mañana alta como una ventana /
los compañeros se asomarán /
verán los cielos no nacidos
donde colgaban astros para vidas más bellas /

 

Mujeres
 

decir que esa mujer era dos mujeres es decir poquito
debía tener unas 12,397 mujeres en su mujer /
era difícil saber con quién trataba uno
en ese pueblo de mujeres / ejemplo:

yacíamos en un lecho de amor /
ella era un alba de algas fosforescentes /
cuando la fui a abrazar
se convirtió en singapur llena de perros que aullaban /
    recuerdo
cuando se apareció envuelta en rosas de aghadir /
parecía una constelación en la tierra /
parecía que la cruz del sur había bajado a la tierra /
esa mujer brillaba como la luna de su voz derecha /

como el sol que se ponía en su voz /
en las rosas estaban escritos todos los nombres de esa
    mujer  menos uno /
y cuando se dio vuelta / su nuca era el plan económico /
tenía miles de cifras y la balanza de muertes favorable
    a la dictadura militar / o sea

nunca sabía uno adónde iba a parar esa mujer /
yo estaba ligeramente desconcertado / una noche
le golpié el hombro para ver con quién era
y vi en sus ojos desiertos un camello / a veces

esa mujer era la banda municipal de mi pueblo /
tocaba dulces valses hasta que el trombón empezaba
    a desafinar /
y los demás desafinaban con él /
esa mujer tenía la memoria desafinada /

usté podía amarla hasta el delirio /
hacerle crecer días del sexo tembloroso /
hacerla volar como pajarito de sábana /
al día siguiente se despertaba hablando de malevíc /

la memoria le andaba como un reloj con rabia /
a las tres de la tarde se acordaba del mulo
que le pateó la infancia una noche del ser /
ellaba mucho esa mujer y era una banda municipal /

la devoraron todos los fantasmas que pudo
alimentar con sus miles de mujeres /
y era una banda municipal desafinada
yéndose por las sombras de la placita de mi pueblo /

yo / compañeros / una noche como ésta que
nos empapan los rostros que a lo mejor morimos /
monté en el camellito que esperaba en sus ojos
y me fui de las costas tibias de esa mujer /

callado como un niño bajo los gordos buitres
que me comen de todo / menos el pensamiento
de cuando ella se unía como un ramo
de dulzura y lo tiraba en la tarde /



De Citas y comentarios (1982)
 


comentario VIII (santa teresa)
 

cada gracia de vos o don tuyo / ¿es
más pena o sed? / sol que cae de vos / amparo / ¿sos
grandeza que aparta el agua de esta sed? / ¿chispa
tierna de amor que hace volar lejos de vos? / ¿calor

o claridad / plumita suave por el alma? / ¿deseo
que crece / hace crecer? / ¿ausencia
que junta tu hermosura como un árbol
en la mitad del día? / ¿día sos

quemando miedos / matando
las sabandijas del dolor? / ¿atada
a tu bondad estás como un lueguito? /
¿fuerza sos

y consuelo o tormento gozoso /
dorado a contraluz / másvida
cierta como tu mano
puesta sobre mi vida como vos?





comentario XXXIII (san juan de la cruz)

vos que me entrás más en tu amor /
¿qué me vas siendo? / ¿qué te sea
yo? / ¿como gota de rocío
resuelta en aire por tu fuego

volando a tu agua viva? / ¿sed
nuestra de cada día donde
me palabrás estas palabras /
como noticia o atadura

con vos? / ¿ya luz obedecida
por mi dolor como animal
manso en tu voz apacentando
migas de vos / perdida en vos

de mí? / ¿llama que me existís /
me transportás / o certidumbre
de mí sobre esta tierra que
piso de vos / con vos temblando?




comentario XXXVII

desnudo el viejo hombre va
a tu subido amor el día
que has de salir a vistas y hablas /
pequeñuela de pechos no

crecidos como desamparos
sino como albas / como tablas
de cedro donde el alto amor
defiende a la esposa como

muro de paz o yerbas donde
tu labio es sí como dos pechos
o puertas donde entrás a mí
como perfecta / como luz /

como calor donde crepitan
mis manos que el otoño ya
deja caer como hojas llenas
de luna clara como voces
puras que vuelan / pajaritos
de estos pesares / estas penas/
que me pisás como verdad
desordenando mis furores




cita XVI (santa teresa)

¿de este destierro subo a tu hermosura? /
¿entras en mí como contento? / ¿lágrimas
de contento o congoja? / ¿por qué aprietan
al corazón? / ¿tu mano es? / ¿apretando?/

¿acariciando moviendo? / ¿tus labios
besándome son? / ¿tu calor? / ¿tu pura
pasión donde me quiebro la cabeza? /
¿torpe? / ¿lágrimas o deseos? / ¿altos

en la humildad que das? / ¿bondad que sos? /
¿y qué es amar? / ¿o son señales del
amor lo que se ve? / ¿amar muchísimo? /
luz que bañas el apretado sueño /

meditación que vuela como pájaro
desatándome el cuerpo / corazón
que entendés en silencio / corazón /
como la tortolita del pensar



De Salarios del impío (1993)
 


Vínculos
 

El sin tierra ve ahora los otoños que su niñez no sabe traicionar. Allí pasó mañana. Tiembla de siempre en nunca más. No cesa su porción de infinito.

 

Retrato
 

Nadie debe hacer ruido en el secreto corazón. Amo las apariencias del no ser natural. La verdadera nada es el espejo que envenena los rostros del deseo, convierte a la memoria en cuerpo fugitivo de la unión. Desde que nací estoy lleno y vacío de mí mismo y así conozco que la verdad más inocente es un destino.

 

El baldío
 

Animal de baldío, memoria, comés pastos que no crecieron más.

 

La forma
 

Alma que ahora pensás: decí por qué en amor la soledad es forma de la luz.

 

La vuelta
 

Vos, que me das a mí en el espanto del pensar.
La vuelta al pueblo que no fue.
Ternura que se pudre.

 

La mano
 

Inventaba un país con tanto amor que estalló en el invento. Ahora se lo ve en los circos que pobrean, los cerdos neblinosos, los escondidos en un palo. Estaba untado de almas y abrigaba las cenizas de un soplo que le escarbaba una mujer.

La claridad de sus migajas ulceraba a los engaños conversos. Gritaba “¡muera, muera!” a su espanto reunido. La sufridera le agachaba los buitres que supo conseguir. Tenía deseos y sarna de canario. Ardía en un fuego que nadie concibió y no hacía tierra ni cielo con la mano.