A la mujer que vende frutas en la plaza
Amanece en las jícarasy el aire que las toca se esparce como ebrio.Tendrías que cantar para decir el nombrede estas frutas, mejores que tus pechos.Con reposo de hamacatu cintura caminay llevas a sentarse entre las otrasuna ignorante dignidad de isla.Me quedaré a tu lado,amiga,hablando con la tierratodo el día.
De "Invocaciones" de El Rescate del Mundo (1952)